Les presento algunos párrafos del discurso que pronunciara el pasado lunes (23-8-2021) en el acto de entrega del Premio Biblioteca Nacional de Literatura Infantil, el cual correspondió a Lucía Amelia Cabral, una escritora que solo se ha ocupado en la creación de libros para el público infantil.
En el ámbito intelectual, este galardón ha sido recibido como la lluvia en tierra sedienta. Que se haya otorgado a Lucía Amelia Cabral la primera versión de nuestro Premio ha contribuido en buena medida a restaurar la fe en los premios literarios, tan alegremente vilipendiados por sus destinatarios, que son los escritores.
Este premio es expresión de una nueva visión respecto a la política cultural y ha sido animado por una concepción que procura colocar la literatura infantil en el lugar que le corresponde. La creación de libros para niños demanda sensibilidad, esfuerzos y capacidades que no se anidan en cualquier persona.
Las obras dirigidas a la población infantil no persiguen ni deben perseguir, instruir acerca de qué hacer o no hacer, ni persiguen inculcar buenos hábitos de higiene, tampoco deben fundamentarse en adoctrinar sobre ideas religiosas, políticas o morales. Se trata de un arte, y como todo arte se realiza para ser disfrutado, las obras literarias deben entusiasmar a los pequeños en forma similar a como lo hacen los juguetes.
A caso su contribución al desarrollo de las capacidades intelectivas del niño constituya la justificación académica de este género de escritura, pero lo más importante es que la lectura de obras literarias para ellos concebidas sirve a los pequeños para el deleite estético, que guarda estrecha relación con la función lúdica. Esta forma de jugar ayudara al niño al desarrollo de su imaginación, le permitirá ampliar su vocabulario y le ayudará a comprender mejor lo que lea y a desenvolverse eficazmente y en su crecimiento como ser humano.
Es preciso impulsar políticas públicas que contribuyan al fortalecimiento de la literatura infantil a fin de que nuestros niños y jóvenes, mediante el disfrute de textos aptos para su crecimiento espiritual, crezcan con mente y sentimientos claros y en plenas aptitudes para manejar su idioma, y en consecuencia entender todo lo que lean o estudien.
Hace falta en nuestro país la promoción del acto de leer, para niños y jóvenes. Y ello deberá conllevar que los maestros, entre otros actores, lo asuman como un asunto de ética. Pienso que de la capacidad lectora depende la adquisición de los demás conocimientos, y de la educación depende el cambio en los individuos y en la sociedad.
Estos razonamientos han motivado la creación del Premio Biblioteca Nacional de Literatura Infantil.
JPM


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