KATIUSKA SUAREZ DE VARELA
La semana pasada, en el artículo “Desde mi fragilidad” les invitaba a no hacer resistencia a nuestras debilidades y fragilidades como seres humanos imperfectos que somos. Más bien, la invitación era a reconocerlas, identificarlas, aceptarlas como parte de nosotros y a trabajar en superarlas pero siempre desde el amor, no desde la resistencia.
En esta oportunidad, me gustaría a invitarte a perdonar-te. Somos jueces muy inflexibles y estrictos cuando de nosotros se trata. Regularmente no logramos perdonarnos cuando comentemos un error, o caemos en situaciones no deseadas producto de nuestras fragilidades.
Sabes, debemos amarnos un poco más y ser más comprensivos, compasivos y flexibles con nosotros mismos. Estamos llamados a amar y cuidar todo este regalo que hemos recibido de la vida, de Dios, el universo, o como quieras llamarlo. Quien nos ha creado con un diseño único, con unos niveles tan altos en calidad y perfección, que ninguna otra maquinaria inventado por el hombre ha llegado a igualarnos.
Productos evidentemente de un amor tan grande que nuestra mente quizás no pueda imaginar o entender. Entonces, porque maltratarnos tanto con el auto castigo, con no perdonarnos cuando nos equivocamos.
Reconciliarse con uno mismo. Estar en silencio con una mirada compasiva hacia nuestro interior. Ver-te, conocer-te, valorar-te, perdonar-te, amar-te; y así podría seguir enumerando más cosas que podríamos hacer buscando el equilibrio y la armonía en nuestra vida.
Hagamos el siguiente ejercicio, la próxima vez que te equivoques, cuando te ganen tus debilidades. Si tu error es hacia una circunstancia, lo primero que harás será identificar qué debilidad te gobierna en ese momento. Te dices a ti mismo, “Me perdono”. Luego, en vez de lamentarte y auto flagelarte, sales al encuentro de soluciones a la situación y consecuencias que tu error haya podido ocasionar.
Si tu debilidad te ha llevado a dañar a una persona. Entonces, lo primero que harás es decirte a ti mismo “Me perdono”. Luego saldrás al encuentro del que has ofendido y dañado a ofrecerles una disculpa, ha solicitar su perdón. Pero fíjate, antes te has perdonado tu mismo, antes te has reconciliado contigo.
Se nos hace difícil reconciliarnos con los demás, con la vida, cuando no nos aceptamos tal y como somos, y mucho más difícil aun cuando no logramos perdonarnos antes de buscar el perdón en el otro.
Si logramos un mundo de personas compasivas con ellas mismas, estoy esperanzada en que lograríamos un mundo mejor. Pues lo que no eres capaz de darte a ti mismo, no eres capaz de darlo a los demás.
Recuerda siempre, agradece, perdonar y dejar ir….
Ama lo que tienes y sé feliz.


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