El hambre parece no tener frontera. Nunca la ha tenido ni de allá para acá ni de aquí para allá. La frontera de hecho es un papel, que como las hojas secas, el viento de la necesidad alza y hace volar. Las aves en sus revoloteos de búsqueda del diario existir, no conocen lindantes, porque el hambre es tiránica, un impuso sin freno de la irracionalidad del estómago.
Independiente de la necesidad fundamental de alimentarse de todos los humanos, no basta vivir para comer, pues las cosas que acrecientan el vivir no se comen y cuando se ingieren no se hace por la boca sino por el alma, que es la boca de lo espiritual, de lo grande y de lo sublime. Como la solidaridad hacia Haití, que entre cientos de países, está expresándose en su mayor proporción del presupuesto de las arcas dominicanas. Otros miran el desastre y se lamentan únicamente con “palabras”.
Haití está obligada a renacer de sus cenizas. Solo el camino de su desarrollo detiene su marcha hacia nuestro país. Su migración es el producto de lo buscado y no encontrado en su propia casa. Los pies de decenas de haitianos pasan el Masacre para evitar la “masacre” de la pobreza extrema.
Haití espera de Francia y Estados Unidos la devolución de la mayor parte de lo que se llevaron de su patrimonio. No es una ayuda, es el acto justoce de rembolsarle lo sustraído en el pasado. Con esos recursos se puede iniciar la marcha hacia su desarrollo.
Y las grandes potencias deben mostrar que son “grandes” con una actitud menos miserable a favor de nuestros vecinos. Los viajes al espacio no deberían ser más importantes que los viajes de apoyo real a un país casi perdido en el universo de la miseria.
Pretender que República Dominicana sea la única mano tendida a millares de hambrientos es una iniquidad. Las Naciones Unidas con respecto a Haití deberían ser verdaderamente “unidas”. Y la OEA dejar de ser tan chismosa y tan intrusa, porque con crítica simplemente un pueblo no come. El arroz viene en sacos no en discursos.
Una solidaridad mundial a favor de Haití detiene el río migratorio hacia República Dominicana. Pero ayuda para desarrollar no para simular. Dar es estimular a un pueblo a crecer, a elevarse con su trabajo por encima de sus dificultades. Así la frontera dejará de ser de papel, y se convertirá en un puente fraternal para un masivo regreso a tierras de bienestar.


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