La consejería no podía ser la excepción

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El autor es Evangelista y Abogado. Reside en Santo Domingo

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POR ENRIQUE AQUINO ACOSTA

Si alguien duda que el origen de la práctica gratuita de la consejería espiritual inició durante el tiempo de  los apóstoles, le recomiendo leer las citas bíblicas que aparecen más abajo, ya que la misma ha sido una de las competencias espirituales de la iglesia, como el cuerpo de Cristo.

El Nuevo Testamento insiste en la necesidad de que el consejero y los demás creyentes se apoyen en lo que enseñan y recomiendan las Sagradas Escrituras para amonestar, exhortar, alentar, animar y edificar a los hermanos en la fe y a los que no lo son.

También sugiere confesar y perdonar las ofensas que nos hacemos y  orar los unos por los otros para sanarnos (Ro 15.14, He 3.13, 1 Ts 4.18 y 5.11, Stg 5.16 y Ef 4:32)

De igual modo, las cartas pastorales que escribió el apóstol Pablo sugieren a los creyentes con mayor madurez y fortaleza espiritual, que soporten las flaquezas de los  hermanos y hermanas que son débiles en la fe y a que no se agraden a sí mismos.

Su deber es restaurar, con espíritu de mansedumbre, a los que cometen alguna falta y  darse cuenta que ellos mismos pueden ser tentados de igual manera. Así que, todos los que hemos sido declarados justos por medio de la fe en Jesucristo, debemos practicar la justicia, debemos santificarnos cada vez más y reconocer que no somos infalibles.

Debemos mostrar interés y disposición en sobrellevar las cargas de los demás, si realmente cumplimos con la  Ley de Cristo (Ro 15.1,Gá 6.1-2, Apc 22:11)

En vista de ello, cualquier miembro de la iglesia debe aplicar las instrucciones bíblicas para suplir las necesidades espirituales de las demás personas. ¿Por qué? Porque está probado que la Palabra de Dios es útil, eficiente y eficaz para aconsejar, orientar, animar, motivar, exhortar e instruir sobre cualquier verdad.

Quienes se apoyan en ella y la aplican tienen éxito al aconsejar. Además, sus instrucciones no son exclusivas para una determinada casta sacerdotal o de expertos. Todos podemos utilizarlas, obtener buen resultado y mantener interés en que la Palabra de Cristo abunde en nuestro corazón para  poder cantar salmos e himnos espirituales  y  dar gracias por todas las cosas (Col 3.16, 2 Tim3:16-17, Ef 5:20)

También es necesario señalar, que la consejería ha sido trasferida, poco a poco, a las clínicas, a pesar de haber sido una  misión exclusiva de la iglesia, como se indicó más arriba. ¿Por qué? Porque muchos sicólogos llamados «cristianos» y los seculares, movidos por el humanismo, la han convertido en un negocio millonario, a pesar de que el estado espiritual y emocional de los aconsejados no mejora.

¿Acaso puede alguien afirmar, con seriedad, lo contrario?  Incluso, muchas de sus terapias sicológicas están influenciadas por “las presuposiciones ateas y clínicas de Freud” quien calificó a la religión como una «neurosis obsesiva universal, ilusión que deriva de lo irracional y pensamientos cargados de deseos irreales, cuyas raíces salen del instinto humano”.

Los seguidores de Freud mantienen esa concepción y que el ser humano fue un animal motivado por los impulsos sexuales y otras necesidades del ego. Son concepciones abiertamente anticristianas. Además, sus hipótesis y  teorías coinciden con el darwinismo y el marxismo, corrientes de pensamiento que fueron muy populares al final del siglo pasado.

Contra ellas ha librado la iglesia grandes batallas y ha tenido que enfrentar a otro enemigo:“el liberalismo teológico”, un seudo cristianismo que negaba la autoridad de las Escrituras, cuestionaba lo sobrenatural, produjo la alianza con los sicólogos ateos y contribuyó a la secularización de la sociedad, según opina el pastor Jhon MackArtur en su famosa obra “La Consejería”.

MackArtur señala que autores como Carl Jung y William James siguieron la corriente del liberalismo teológico. El primero escribió sobre temas religiosos y enseñó que el subconsciente humano era divino, mientras el segundo,  conocido como el padre del pragmatismo moderno, mezcló las teorías de la conducta y  la religión con el humanístico.

Sin embargo, ninguno de ellos fue cristiano, debido a que rechazaron lo sobrenatural, repudiaron la autoridad de las Sagradas Escrituras y desecharon la mayoría de los principios históricos de la fe cristiana, posiciones ideológicas que han contribuido al derrumbamiento paulatino del «complejo monumento freudiano”.

Esa corriente de pensamiento ha dado lugar a que se pretenda que el pastor refiera cualquier caso conductual al terapeuta profesional, que acepte su juicio sobre los síntomas que presente el paciente, que obedezca su dirección y renuncie al desempeño del ministerio de la consejería espiritual, pretensión a la que se han sumado, el brujo y el adivino, en abierto desafío y violación a los preceptos de Dios.

Cabe señalar, finalmente, que los servicios de consejería que ofrecen el terapeuta profesional, el brujo y el adivino difieren de los que brinda el  pastor. ¿Por qué? Porque el pastor aconseja al paciente apoyado en la Palabra de Dios y gratuitamente, mientras estos aconsejan sin ella y por dinero.

Esta realidad evidencia que la llamada sicología «cristiana», la secular, los brujos y los adivinos han convertido la consejería en un negocio que genera mucho dinero. Además, se relaciona con lo que afirmaba C. Marx, en cuanto a que, en la sociedad capitalista todo adquiere la forma de mercancía. Por tanto, la consejería no podía ser la excepción.

eaquino1548@gmail.com

JPM

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