No existe la más mínima posibilidad de que el Gobierno acepte dialogar con una camarilla gobernante haitiana sin escrúpulos, que ha incumplido acuerdos previos sobre migración, agricultura y sanidad para ejecutar una sucia campaña internacional de descrédito contra Republica Dominicana.
Se ha podido demostrar fehacientemente que el presidente Michel Martelly, junto al primer ministro, Evans Paul, el canciller Lener Renauld y el embajador ante la OEA, Boccit Edmond, sirven de correa de transmisión de una cruenta cruzada de infamia contra el gentilicio dominicano.
Ese clan corrupto ha mercadeado a nivel internacional mentiras de grandes magnitudes, como la afirmación de que el gobierno dominicano ha dispuesto de repatriaciones masivas de haitianos y dominicanos desnacionalizados.
Martelly llegó a decir ante la Cumbre del Caricom que la desnacionalización y repatriaciones masivas causarían la desestabilización política en Haití y un desastre humanitario en la región, si atreverse a admitir que el gobierno dominicano facilitó la regularización migratoria de casi 400 mil indocumentados, la mayoría haitianos.
Esa infamia fue repetida por el primer ministro, el canciller y el embajador ante la OEA, clara demostración de que a esa camarilla solo le interesa intentar retener el poder en Haití sobre la base de desacreditar a República Dominicana.
El gobierno dominicano ejerce un derecho soberano e inalienable de imponer controles migratorios, en cumplimiento de la ley, sin violentar derechos de los afectados, a quienes primero llamó a registrarse en un Plan Nacional de Regularización, cuyo requisito básico era el de disponer de un documento de identidad personal.
Con un cinismo que espanta, esa gente ha pedido a la comunidad internacional que obligue al gobierno dominicano a “dialogar” con Haití sobre un protocolo de entendimiento que evite “deportaciones masivas” y “desnacionalización”. Lo que quiere decir que las conversaciones sugeridas serian sobra la base de dos infamias repugnantes.
A causa de esa sucia campaña emprendida por Martelly y comparte, nuestro país sufre hoy la humillación de tener que aceptar en su seno a una misión de procónsules imperiales que vienen a “verificar” si es verdad que el gobierno produce deportaciones masivas o “desnacionaliza”.
El presidente Danilo Medina ha dado muestra de sobra de valor, entereza y solido espíritu de dominicanidad, por lo que la sociedad dominicana puede estar confiada en que su gobierno no aceptara la patraña de esa camarilla haitiana ni ninguna orden imperial de la OEA o de quien sea.


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