Por PEDRO CABA
¿Puede Estados Unidos o cualquier otra potencia erradicar todos los avances logrados hasta ahora y el porvenir mismo de la nación que fue origen del gran imperio persa?
Los daños causados a la infraestructura industrial moderna de Irán por los intensos bombardeos de Estados Unidos e Israel combinados, pero bajo la tutela impuesta por los norteamericanos comandados por Trump “con precisión quirúrgica”, tomará décadas reponerlos, siempre que esté disponible una fuente abundante y segura de recursos.
Sería un bochorno imperdonable para el orgullo persa que los recursos para la reconstrucción del país no provengan de las mismas fuentes históricas que el ingenio de sus antepasados, y la propia historia, le dispensan.
Se trata de su enorme riqueza de hidrocarburos, petróleo y gas natural, además de oro, cobre, uranio, zinc y 26 minerales de los contenidos en tierras raras y el estrecho de Ormuz que comparte con Omán, el cual es el que da paso a entre el 20 y el 30 por ciento de todo el gas natural y petróleo crudo que consume el mundo, además de enormes cantidades, quizá el 35% del total mundial, de urea y amoníaco, los componentes y fertilizantes que garantizan la productividad y rendimiento de cultivos y alimentos de la humanidad.
Una cuota por cada barril de petróleo y tonelada de gas, de urea o de amoníaco de US$5 o 10 que transite por el estrecho a favor del fondo de reconstrucción de Irán, sería la fuente más idónea.
Estados Unidos, la Federación Rusa y China, a las que pudieran unirse naciones como Pakistán y la India, tienen excelentes y fiables relaciones con Irán, podrían instalar establecimientos permanentes que supervisen y garanticen junto a Irán y Omán el libre tránsito por el estrecho de Ormuz.
Luego del manifiesto deseo de las autoridades iraníes actuales de poner fin al conflicto bélico con la sola condición de que no se vuelva a repetir la agresión, Trump ha exigido también liberar de trabas el uso de esa vía marítima tan estratégica para todo el mundo.
Lo deseable para Trump es que sea una fuerza de ocupación bajo el mando norteamericano la que tome el control del estrecho de Ormuz, pero eso sería a costa de desatar los fuegos del infierno, a lo que está dispuesto Irán con todo derecho a preservar su legado histórico.
El buen juicio debe imponerse luego de esta arriesgada pero necesaria ofensiva norteamericano-israelí destinada a decapitar la última y más peligrosa aventura del fanatismo religioso convertido en Estado en la era moderna.
Porque como expresamos el pasado 11 de marzo “Si vamos a ver los resultados en su conjunto Donald Trump puede irse de Irán proclamando que cumplió su cometido con muy bajo costo militar, económico y político y consolidando su relación con aliados de la zona”.
Trump puede irse de Irán, pues cumplió su cometido (Opinión)
sp-am


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