En la sociedad moderna, los principales grilletes provienen de la dependencia económica, de la miseria y la ignorancia. Nadie puede ser libre si es analfabeta, si depende de otros para poder comer y tener una vida decente y si carece de las facilidades esenciales que demanda el devenir de un ser humano.
En la época colonial, las grandes potencias mantenían una política de gendarmes, con intervenciones de mosquetes y de espadas, donde pasaban por las armas a todos los enemigos. Los pueblos de lo que es hoy la América Latina se lanzaron a la montonera para conseguir su independencia, pèro sin lograr la plena libertad.
Las grandes desigualdades sociales hacen pensar hasta donde se cristalizó el propósito independentista en la República Dominicana. De hecho, desde el 1844 hemos vivido más en dictaduras e intervenciones extranjeras que en libertad e independencia.
No fueron los Trinitarios con Juan Pablo Duarte a la cabeza los que fracasaron, sino los malos y entreguistas dominicanos, que nunca tuviera fe en una república libre, independiente y soberana. Tal como en el 1844, todavía hay luchas que librar.
Uno de los principales problemas de la sociedad dominicana, hoy como ayer, sigue siendo el pan diario. Un conglomerado con hambre, marginalidad y desesperación, no está apto para disfrutar de la libertad.
Es más, la libertad y los derechos fundamentales del ser humano pasan a ser letra muerte y material de intercambio, cuando el hambre aprieta, y sólo se busca la subsistencia diaria.
De ahí, que la primera página de la cartilla dominicana del desarrollo debe ser acabar con el hambre, que todo ciudadano pueda tener la oportunidad de una alimentación aceptable. Donde hay miseria, a nadie le importa la institucionalidad.
Cuando el hambre aprieta, se compran conciencias que se venden al mejor postor por un mendrugo. La mejor forma de fortalecer las instituciones, es que se de un desarrollo equilibrado, donde la prepotencia económica, no ahogue los síntomas de libertad e independencia.
Para acabar con la miseria, hay que iniciar un programa a largo plazo, pero con resultados inmediatos. De larga data buscar soluciones permanentes, pero en lo inmediato calentar el fogón. Puede parecer simplista, hablar de libertades y unirlas a un plato de arroz y habichuelas.
Una familia con un niño sin leche, y viviendo en techo de cajas viejas y piso de tierra, no sabe lo que es la libertad, ni las instituciones. Lo que quiere es seguridad. Comida y mejor techo. Los dictadores cambian las libertades por esa aparente seguridad, y de ahí su fuerza política y su apoyo en sectores ciudadanos.
Hay que mejorar las condiciones de vida de todos los dominicanos, para que en este país se pueda hablar de desarrollo y de paz. Lo demás, es demagogia barata y fuegos fatuos.
jpm-am


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