SAN JUAN.- Aunque son muchas menos las mujeres extranjeras que llegan a Puerto Rico de forma clandestina en yolas, algunas hacen la peligrosa travesía por mar. Los peligros que enfrentan se multiplican comparados con los que enfrentan los hombres.
Romelinda Grullón, directora del Centro para la Mujer Dominicana, una organización sin fines de lucro que trabaja con víctimas de crímenes, dijo que las migrantes indocumentadas, cuando logran sortear los peligros en alta mar y desembarcan se topan con que en Puerto Rico “no tienen derecho absolutamente a nada”.
“Todas las ayudas aquí o casi todas son federales que están condicionadas así que las personas, en especial las mujeres, se quedan completamente indefensas. No cuentan con ayuda ni apoyo. Cuando vienen de esa forma se les hace bien, bien cuesta arriba”, resumió.
Las únicas que reciben algún tipo de auxilio son las que han sido víctimas de violencia doméstica, de agresión sexual o algún otro crimen. Pero el acto tuvo que haber ocurrido en el país receptor. Si confrontan agresiones de ese tipo durante el viaje, las ayudas no le aplican.
“La mayoría llega por la situación económica. Algunas precisamente huyen por situaciones de violencia… Es muy, pero muy lamentable porque muchas veces, si las arrestan, las deportan o las mandan a la Florida en Estados Unidos, porque ya no hay un centro, el que había lo cerraron hace un tiempo y aunque tengan familia en Puerto Rico si las mandan para Florida se les hace bien difícil mantenerse en contacto porque no tienen dinero ni las pueden visitar”, indicó Grullón a El Vocero.
En algunos casos, el consulado dominicano en la Isla puede brindar una mano para ayudarlas a regular su estado migratorio y algunas iglesias pueden proveer ropa o alimentos.
“Lo cierto es que cuando llegan de esa forma quedan bien expuestas”, aseguró la líder comunitaria.
Aquellas que logran superar esos obstáculos y quedarse sin que las deporten, a veces pasan años en la clandestinidad, en trabajos informales sin garantías de nada. Esta situación las hace vulnerables a la explotación laboral y a la violencia.
José Rodríguez, presidente del Comité Dominicano de Derechos Humanos, aseguró a El Vocero que en muchos casos las migrantes ilegales -aunque también los hombres- terminan como “esclavos de la era moderna”, haciendo chivitos por ahí, tratando de juntar lo suficiente para comer.
La situación es tan compleja que se ha reportado que hay gangas que se dedican a velar a las mujeres que viajan o las que llegan para “esperarlas, secuestrarlas, violarlas y luego pedir un rescate”. “Es terrible por lo que pasan a veces”, afirmó Rodríguez.
Grullón abogó para que haya una reforma migratoria comprensiva que ayude a personas que llevan más de una década en Estados Unidos o Puerto Rico a que puedan regular su estatus migratorio.
“Siempre cada cuatro años hay muchas promesas de los candidatos y candidatas para las elecciones de que van a trabajar en una Reforma Migratoria, pero pasan los años, los periodos de campaña y los gobiernos y no se da. A veces eso es parte de lo que ellos ponen en sus planes cuando están buscando los votos, pero luego se olvidan de los inmigrantes”, lamentó.


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