El 27 de noviembre de 1925 llega a Montevideo, Uruguay, el insigne intelectual dominicano Tulio Manuel Cestero Leyva, revestido de la condición de Enviado Extraordinario y Plenipotenciario de la República Dominicana, designado por el presidente Horacio Vásquez Lajara.
Pese a que República Dominicana y Uruguay habían iniciado contactos diplomáticos desde los días del gobierno de Ulises Francisco Espaillat (1876), es en 1925 cuando formalizan las relaciones con la instalación de misiones diplomáticas permanentes.
La historia de las relaciones diplomáticas entre los dos países está descrita por el veterano diplomático, embajador de carrera Ramón Dionicio Ditrén Flores en su obra De Cestero a nuestros días: Cien años de Relaciones Diplomáticas entre República Dominicana y la República Oriental del Uruguay.
En la obra, muy bien documentada, el embajador Ditrén Flores hace un recorrido cronológico por los trillos históricos de la diplomacia entre República Dominicana y Uruguay desde las primeras intenciones para la firma de un tratado de paz, comercio y navegación, pasando por la etapa consular, con la instalación del Consulado General en Montevideo y la designación de Francisco F. Poeysin como cónsul, el 29 de noviembre de 1876.

No fue hasta 1907 cuando Uruguay designó un cónsul general en Santo Domingo, que fue Juan Parra Alba.
El libro, compuesto de XIII capítulos trae el dato curioso, poco conocido, de la designación de la poetisa Juana de Ibarbourou como agregada cultural honorífica de la Embajada dominicana en Uruguay, mediante decreto 215, del 13 de noviembre de 1963, emitido por el gobierno colegiado conocido como Triunvirato.
Explica Ditrén Flores que el nombramiento de Ibarbourou obedeció a un gesto diplomático-cultural en momentos de crisis política interna y búsqueda de legitimidad externa por parte del gobierno dominicano, tras el derrocamiento del presidente legítimo, profesor Juan Bosch.
Ditrén Flores, quien indagó en el Archivo General de la Nación, en el Archivo del Ministerio de Relaciones Exteriores, en la Consultoría Jurídica del Poder Ejecutivo, Biblioteca Nacional de España y Bibliothèque Numérique Diplomatique, de Francia, describe una centuria de intercambio diplomático y cooperación mutua entre dos países latinoamericanos, que, aunque distantes, han sabido mantener una buena amistad.
Esa relación diplomática de República Dominicana con Uruguay fue muy importante en el camino de la consolidación de sus relaciones internacionales con los países de América del Sur, en la que jugó un papel importante el intelectual Tulio Manuel Cestero.
Tulio Manuel Cestero Leyva nació el 10 de julio de 1877, en la villa de San Cristóbal.
Como periodista y escritor dejó huellas imborrables en la literatura dominicana, dándose a conocer por su obra cumbre La Sangre, editada en 1913, considerada por muchos tratadistas como la mejor novela dominicana de todos los tiempos.
Su primera obra fue Jardín de los Sueños, 1904. En 1907 publica Citerea, y en 1908 da a conocer Sangre de Primavera, mientras que en 1911 publica una novela llamada Ciudad Romántica, casi desconocida en la actualidad.
Comenzó su vida diplomática en Caracas, Venezuela, en 1899, como secretario de primera clase. Luego fue encargado de negocios en Cuba, en 1906, y más tarde ministro en Argentina, Chile, Brasil, Uruguay, México y España, entre 1926 y 1933. Llegó a la cúspide de su carrera, como embajador extraordinario y plenipotenciario de la República en Chile y Argentina.
En Chile, contrajo matrimonio con la señora Rosalba Escobar con quien procreó a su hijo Jaime Manuel Cestero, y allí murió, el 27 de octubre de 1955.
JPM


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Muy buen artículo que enriquece el conocimiento diplomatico, historico de la relaciones internacionales entre Estados. Sin ser del partido de gobierno (PRM); veo un gran avance en la diplomacia dominicana.
Excelente.
Artículos como éste,deben ser leídos en todas las escuelas dominicanas,incluyendo universidades por supuesto.
Muy interesante obra la cual contribuye a enriquecer nuestro archivo bibliografico diplomatico