Con el inefable periodista Miguel Guerrero me sucede algo extraño: por un lado, me deleito con su prosa periodística, y no pocas veces, con algunas críticas suyas a los políticos, la política y el poder; pero, por otro lado, dudo mucho de la equidistancia y visceralidad con que juzga a los practicantes periodistas –según él (y no sin razón en algunos casos)- de un pseudo periodismo de “militancia partidista” y el caso fijación con que ha encontrado en Leonel Fernández el talón de Aquíles de su ‘extremadura’ crítica-periodística.
Traigo a cuento el fenómeno, porque en un reciente artículo-recurrencia del periodista(Los estandartes del buen periodismo) reitera que “En Francia los medios, no el gobierno, ni los sindicatos o las iglesias, han tomado una decisión drástica y trascedente. Los reporteros y comentaristas que tengan militancia partidista y hagan proselitismo no podrán laborar en los medios. Una medida de profilaxis. Una iniciativa que nuestra carencia de institucionalidad no puede emprender”. Y nos preguntamos: ¿es esa la única modalidad o expresión de “militancia partidista” en el periodismo nacional?
Creo que no, y el periodista Miguel Guerrero bien lo sabe, porque en algún momento de su registro profesional fue funcionario público (de Balaguer-Leonel) y asesor-consultor, si no me equivoco, de algún político. Por supuesto, en ambos casos nada cuestionable; aunque y de alguna forma, especulo yo, no dejó de haber, por lo menos, una identificación o aproximación “partidista” así fuera en el estricto ámbito de lo personal. Es innegable que si, pues nadie puede desdoblarse-evaporarse hasta hacerse inmune a la contaminación ideológica o, al magnetismo de un líder político o de un empresario figura pública presidenciable.
Por otra parte, tal aspiración-crítica de Guerrero es, en el fondo, crítica dura al periodismo-periodistas –vía el abismo comparativo: Francia vs. RD- que, según él, ha sido influenciado-cooptado por “el descredito a que lo ha llevado la vulgaridad y la injerencia del partidismo político”. En otras palabras, para Miguel Guerrero ha sido la política la que ha degradado el periodismo. Pero, ¿y no será de doble vía el fenómeno?
Por supuesto, yo también, sin ser periodista, “inclino humildemente la cabeza” por ese “raro espécimen…”, que en aciagos momentos históricos –y en la faena diaria hoy día- encarnó Goyito, Orlando, y desde otra dimensión más patriarcal, don Rafael Herrera.
Finalmente, lo que quiero resaltar –y el artículo de Guerrero lo permite- es que no solamente se hace “militancia partidista” cuando el periodismo –que lo hacen los periodistas- se deja seducir o cooptar por la “injerencia del partidismo político”, sino también cuando el periodismo se hace fijación-obsesión-saña hacia una figura pública o, hacia un líder político cualquiera, pues ese desbalance-sesgo -disfrazado de “opinión pública- termina siendo oposición política-periodística que es, en mi opinión, otra modalidad de “militancia partidista” solo que solapada o de la “secreta”. ¿O me equivoco?
JPM


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