Con la situación de los emigrantes haitianos, hacinados en condiciones infrahumana en territorio norteamericano, bajo el puente que une las ciudades de Acuña en México con Del Rio en Texas, a la comunidad internacional no solamente se les vio el refajo, han mostrado hasta las bragas, que, dicho sea de paso, se ven bien sucias.
Recreando aquellas cacerías de los peores años de la esclavitud de negros en los Estados Unidos de América, utilizando lazos y desde briosos caballos, los vigilantes de la frontera en la parte americana han demostrado fehacientemente que una cosa es con violín y otra con guitarra.
Este espectáculo de entrada ilegal a un territorio, similar al que viven diariamente los dominicanos en nuestro país, pero sin el maltrato a los haitianos, ha sido denunciado por entidades internacionales, casi todas narigoneadas por USA, solo cuando ocurre en la República Dominicana.
Ejerciendo nuestro derecho a defender el territorio nacional y nuestra soberanía, detenemos a los inmigrantes ilegales, de cualquier nacionalidad, y, respetando todos sus derechos, los deportamos a sus países de origen.
Pero, Las Naciones Unidas, la Organización de Estados Americanos, La Comisión Interamericana de Derechos Humanos, Francia, Canadá y los mismos Estados Unidos de América, nos acusan en foros internacionales de todo lo que se le ocurra. Nos han llamado hasta el “Apartheid del Caribe” entre otros denigrantes epítetos, solo por nosotros hacer cumplir nuestras leyes.
¿Qué pasa ahora? ¿Por qué este silencio internacional? ¿Dónde está el lacayo del imperio señor Almagro? ¿Enmudeció de repente?
¡Farsantes! ¡Doble moral!
El presidente Luis Abinader, debe aprovechar el escenario que se le presenta en bandeja de plata, como es la septuagésima sexta Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), y en vez de estar diciendo que la República Dominicana no se cansará de ayudar a Haití, debería comenzar una campaña de que esta insoportable situación que hoy padecen los norteamericanos es la misma que sufre a diario nuestro país.
Brasil, Chile, Perú, Ecuador, Colombia, México y la mayoría de los países de Centroamérica, ya han tenido la oportunidad de ver y sentir en carne propia, cual es la diaria tragedia que vive Dominicana con el problema de los haitianos.
Es hora ya de que los países miembros de las Naciones Unidas se asignen una cuota de inmigrantes de ese conglomerado humano, de acuerdo con su densidad demográfica, como única manera de resolver esta situación.
Haití siempre ha sido un Estado Fallido. No hay otra forma viable de encarar ese inmenso problema, que no es solo de Quisqueya, se ha regado por todo el cuerpo continental.
Ya hizo metástasis.


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