Todo un entramado de comportamientos, que no necesariamente tenga las mismas respuestas a «los porqués» y «paraqués».
Desde Aristóteles hasta María de Hostos, se ha buscado «brindar» la fórmula que dé sentido al comportamiento humano, «el concepto ideal» que determine «cómo viviríamos mejor».
¿El portarse bien, la prudencia: son hábitos aprendidos o «insertados» en el paquete que nos compone? ¿Son parte del instinto de supervivencia?
La moral nos conduce a asumir un comportamiento «ético» en donde no afectemos a los demás. Actuar en consecuencia con «los hábitos» que la sociedad «ha entendido» que son «sanos»…
Culturalmente, lo que es bueno para una sociedad, no lo es para otra, esto en términos más inclusivos y menos amplios de lo que es la naturaleza humana.
La virtud «insinúa» la fortaleza adquirida para «controlar» esos hábitos inducidos y que nos componen al ser adquiridos por el entorno en que crecimos y que siempre vienen acompañados de bien y mal…
Los hábitos, precisamente, se crean «al repetir una acción» constantemente en un periodo de tiempo corto o largo.
¿La razón? Aquí está el meollo del asunto. ¿Quién dice que es lo prudente o imprudente? Por ejemplo, nos hemos acostumbrado a «forzar» a los niños, desde que tienen 4 años o menos, a levantarse temprano para cumplir con un régimen de tortura como es pasarse de 6 o 7 horas en un aula…
Cuando nos tocó, lo odiábamos; sin embargo, hacemos lo mismo al obligar a nuestros hijos a pasar por «ese hábito» que bien podría modificarse para otra edad en donde ya estemos «virtuosamente» preparados…
Llegado a este punto, podríamos afirmar que tanto los hábitos como la razón están relacionados con «una moral» que tiende a cambiar con el tiempo y que, obviamente, también modificará lo que «es virtuoso»…
Una vez debilitada la virtud, la pirámide del individuo se desvirtúa hacia «otra posibilidad»; estamos hablando de que los valores que componen una sociedad se «reajustan», pudiendo esto cambiar la cultura y lo que dio sentido a una nación…
Como ya señalé antes, «para bien o para mal». Bien se sabe que «cambiar» es una de las cosas más difíciles a las que nos enfrentamos, ya que «modificar hábitos» conlleva muchos miedos.
Mantener «una moral aceptable» también es asunto difícil, especialmente en el mundo actual que vivimos, y la razón siempre será debatible, ya que cada cual sostiene la vida que tiene.
Solo nos queda jugar con la virtud. Quizás sea, entre todas las otras, la única que nos permite conversar con uno mismo. La más íntima y ajena a engaños, ya que uno no puede mentirse a sí mismo.
Lograr derrotar los hábitos nos dará la razón para sostener «cierta moral» que, eventualmente, nos dará la virtud de ser consecuentes de dichos y hechos.
Aquí les dejo el entramado de este latido para que cada uno de ustedes le encuentre «la razón», si es que la tiene, y desentrañen «el lío», en el que, obviamente, nos encontramos si es que queremos mantener la patria que una vez conocimos. ¡Salud! Mínimo Enredadero.
jpm-am


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