La celebración de los Juegos Centroamericanos y del Caribe constituye una oportunidad para que la República Dominicana proyecte su capacidad organizativa, fortalezca su imagen internacional y promueva el talento de sus atletas. Es un acontecimiento que merece ser valorado y que despierta un legítimo sentimiento de orgullo nacional.
Sin embargo, el patriotismo no debe impedir un debate responsable sobre el uso de los recursos públicos. La República Dominicana sigue enfrentando importantes desafíos en salud, educación, seguridad, infraestructura y generación de empleos.
Por ello, resulta válido preguntarse si la inversión de miles de millones de pesos en un evento deportivo responde a las prioridades del país y si dejará beneficios permanentes para la población.
No hay dudas de que el deporte es una inversión en la juventud, la salud y la cohesión social. Además, unos Juegos bien organizados pueden impulsar el turismo, dinamizar la economía, atraer inversiones y fortalecer la marca país; pero esos beneficios no son automáticos. Dependen de una planificación seria, de una ejecución eficiente y, sobre todo, de un manejo transparente de los recursos.

La experiencia internacional demuestra que algunos grandes eventos deportivos han terminado dejando sobrecostos, instalaciones abandonadas y una pesada carga para los contribuyentes.
La República Dominicana no puede permitirse ese error. El verdadero éxito de estos Juegos no se medirá solo por las medallas obtenidas o el brillo de las ceremonias, sino por el legado que dejen: infraestructura útil, mayor apoyo al deporte escolar y comunitario, y una administración pública que rinda cuentas de cada peso invertido.
Sentir orgullo por estos Juegos y exigir responsabilidad fiscal no son posiciones opuestas, por el contrario, deben caminar juntos para que estos Juegos sean recordados no solo por su éxito deportivo, sino también por haber contribuido al desarrollo sostenible de la nación, sin descuidar las necesidades prioritarias de su gente.
La República Dominicana puede celebrar con entusiasmo este importante acontecimiento deportivo, pero también tiene el deber de exigir responsabilidad fiscal, planificación y rendición de cuentas.
El verdadero patriotismo consiste en respaldar aquello que fortalece al país, pero también en exigir que los recursos públicos se administren con transparencia, eficiencia y visión de futuro. Solo así este evento será recordado como una inversión para el desarrollo nacional y no como un gasto de corto plazo.

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Muy buena reflexion.
A pesar de que los Juegos Centroamericanos y del Caribe han coincidido con el periodo de vacaciones escolares, el país está tan agobiado con el alto costo de la vida y los grandes episodios de inseguridad ciudadana que hasta este momento no he visto a ningún amigo ni vecino desplazándose hacia algún evento deportivo de los JCC.