El ex presidente de Brasil, inacio Lula Da Silva, ha sido víctima de una agresión, maltrato o desconsideración injustificada y abusiva cuando más de 200 policías y 30 auditores lo arrestaron el jueves después de allanar su residencia, oficina y el hogar de un hijo suyo.
Sin respetar su condición de un ex presidente que siempre ha estado presto a acudir a los llamados de jueces fiscales, Lula fue conducido como vulgar delincuente a una comisaria donde fue interrogado por cuatro horas y posteriormente puesto en libertad.
“Si querían escucharme, solo tenían que llamarme, que yo iba, porque no debo ni temo”, dijo el presidente Lula que ostenta la condición de ser uno de los líderes más admirados y respetado de toda América, porque durante su gobierno rescato de la pobreza a más de 40 millones de brasileños.
La trama contra el presidente Lula se corresponde con un dilatado proyecto imperial que consiste en judicializar casos o temas políticos con el propósito de malograr políticamente a líderes del movimiento progresista del continente, como son los casos de Michel Bachelet, Dilma Rousseff, Evo Morales, Cristina Fernández de Kirchner y Rafael Correa, entre otros.
Las acciones de un juez contra Lula y el partido de los Trabajadores, ha acentuado la crisis económica de Brasil, una nación que en el gobierno del carismático líder carioca, llego a encabezar el extraordinario crecimiento y expansión que experimentaron economías emergentes, incluido Rusia, China, India y Sudáfrica.
El canibalismo político y judicial pretende imputar a Lula los crímenes de financiación ilegal y lavado de dinero, al señalarlo como recipiente de dinero ilegal que habría recibido en pagos a conferencias pronunciadas después que concluyó su gestión presidencial.
Los planes para liquidar políticamente a Lula se apresuraron después que proclamo ante la dirigencia del PT su determinación a optar por un nuevo periodo presidencial en las elecciones de 2018. Fue entonces cuando lanzaron sobre su honra y buena fama todo tipo de estiércol.
El movimiento progresista de América Latina y de todos los pueblos del mundo tiene el compromiso moral de defender al presidente Lula ante la andanada de oprobios y desconsideración que se acomete contra una de las personalidades de mayor prestigio desde el sur del rio Bravo hasta la Patagonia.
Los dominicanos debemos asumir como lección previsora el intento asesinar moralmente a Lula, lo que aquí se quiso perpetrar contra el ex presidente Leonel Fernández, para evitar e impedir que tarde o temprano la derecha local en contubernio con poderes foráneo se atreva a inventar contra Danilo Medina.


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