Hay dos elementos asociados a la agonizante campaña electoral que es bueno resaltar, uno de los cuales tiene que ver con la situación predominante desde que, contra toda racionalidad, el presidente Danilo Medina se aventura a procurar otra prórroga del estado de emergencia.
El otro es la orquestación de un plan que ha pretendido invisibilizar al expresidente Leonel Fernández, que está estrechamente vinculado también, pero tiene cuestiones accesorias, pues el mismo no depende sólo del Gobierno sino que ha necesitado la participación del Partido Revolucionario Moderno (PRM).
En el primero de los casos, pienso que la oposición no puede alegar sorpresa alguna de que el Presidente haya presentado otra solicitud para que el Congreso Nacional le autorice una quinta declaratoria del estado de emergencia.
Tampoco puede resultarle extraño que estemos asistiendo al mismo escenario de la ocasión anterior cuando se necesitaba la cuarta prórroga cuando todos los medios de comunicación, incluidas las redes sociales y todos los escenarios posibles, fueron tomados para acusar a la oposición de lo que aún no se había producido.
En aquella ocasión—hace apenas una semana—se desató una despiadada campaña contra la oposición que finalmente surtió efectos, ya que los diputados adversarios del Gobierno sucumbieron ante semejante tremolina mediática.
Por ello advertía sobre el peligro de dejarse chantajear por el Gobierno, ya que podía emplear una lógica elemental, conforme a la cual, lo que me da resultado una vez, puede seguir dándome frutos tantas veces como lo intente.
De modo que para la oposición no es incógnita ni una carta sacada de la manga por el presidente Medina, sino que ya él ha enseñado la baraja completa, por lo que sentirse sorprendidos no es una excusa válida.
El otro tema que cito obedece a una conspiración tendente a excluir a Leonel de la contienda electoral, valiéndose, tanto el Gobierno como el PRM, de mediciones amañadas que le sitúan en un ruinoso tercer lugar.
Creo que desde la óptica de ambos bandos resulta hasta entendible el ardid, pues para los candidatos no resultaría nada cómodo medirse en una segunda vuelta con el líder más conocido que ahora mismo tiene país.
Sin embargo, la estratagema—más del Gobierno y del Partido de la Liberación Dominicana que del PRM—sólo ha sido medianamente posible en esa hemorragia de encuestas mamotréticas que se realizan a tanto por medición y a más tanto por repartir los porcentajes.
Ese plan por alentar un bipartidismo inexistente, se desploma en cada oportunidad en que Leonel presenta a cientos de dirigentes y militantes peledeístas que siguen el oportuno camino de haber abandonado un partido que se ha degradado hasta situarse a orillas de la degeneración política.
JPM

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