Por TIRSO URBAEZ PEREZ
El inmigrante, en su aventura como forastero, en un país extranjero, sueña con poder ganarse la vida dignamente, como lo merece toda persona decente. Su fe y su esperanza, le hacen pensar que el sol sale para todos y que el derecho al trabajo es de todos, porque todos somos hijos de Dios.
El inmigrante, en su gran mayoría es gente honesta y valiosa, que trabaja incansablemente en su nuevo hogar, para sacar a su familia adelante.
El amor a la tierra en la que se nace, es un sentimiento inolvidable, maravilloso y fecundo, que crece con el tiempo y la distancia, cuando se deja a la familia, a los amigos y la patria. Su ausencia se extraña y causa mucha nostalgia.
La gente cuando emigra, lleva una maleta llena de ilusiones, el corazón roto y la esperanza de lograr una vida mejor, en una nueva patria y madre adoptiva, que poco a poco se gane su agradecimiento,su amor y su defensa, incluso con su sangre, como ofrenda en su honor.
La lucha del inmigrante por una vida mejor, lo convierte en un impostor y pecador, ante los ojos de los gobernantes hipócritas, que le ruegan al Todopoderoso, para que le dé su protección, pero ellos no tienen compasión con el pueblo, al que sacrifican sin piedad, para disfrutar de las mieles del poder, de su riqueza y de su maldad.
La ciudadanía se siente orgullosa de sus autoridades, cuando ellas cumplen con su deber, sin abusar de su poder.
En todo núcleo social, hay personas que son respetuosas de la ley y otras que la violan, por carecer de honestidad, de conocimiento o por necesidad,no obstante tienen que asumir su responsabilidad, pagando su deuda a la sociedad.
El inmigrante delincuente,debe recibir la penalidad que ordena la ley. Si al cumplir su condena, amerita su reintegración a la sociedad, lo ideal sería que se le dé la oportunidad laboral, para que demuestre su utilidad. Pero si le corresponde la deportación, se le monta en un avión, en un vuelo de retorno a su nación.
La historia demuestra que los países de mayor mercado laboral ,siempre se han beneficiado de la mano de obra del inmigrante, para impulsar el desarrollo de sus pueblos, en lo social, económico y cultural.
En Estados Unidos, la Administración Trump, hace que el inmigrante viva un calvario, al ser culpado de todos los males de la sociedad, causándole: ansiedad, persecución, cárcel, deportación, muerte, dolor y solidaridad.
El inmigrante es como el diamante, antes que luz es carbón, por esa razón, su aventura al principio es oscura y dura, pero cuando logra triunfar, su talento brilla en la sociedad, como el diamante, por su valor en la vida de la gente.
jpm-am


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ESO NO SE APLICA A PAÍSES QUE SON UNA MINORÍA COMO LOS DOMINICANOS SI NOS LLENEN EL BARCO SE ACABA LA DOMINICANIDAD Y LOS DOMINICANOS EN EL EXTRANJERO SE CONSTITUYEN EN PUEBLO ERRANTE NO PERTENECER A NINGUNA PARTE