Las altas temperaturas representan mucho más que una sensación de incomodidad, son en realidad, un desafío creciente para la salud de la población infantil. Desde la perspectiva de la fisiología pediátrica, estas constituyen un importante factor de estrés térmico que puede alterar la homeostasis y desencadenar serias complicaciones.
En lactantes y preescolares, los mecanismos de termorregulación son inmaduros y poseen una menor capacidad para disipar el calor, por lo que la evolución puede ser rápida, debido además, a sus limitadas reservas hídricas y a su incapacidad para expresar precozmente la sensación de sed.
Durante los episodios de calor intenso, el organismo infantil incrementa la pérdida de agua y electrolitos que si no se compensa oportunamente, se desarrolla un estado de deshidratación que compromete el volumen circulante efectivo, reduce la perfusión tisular y favorece alteraciones hidroelectrolíticas con repercusiones cardiovasculares, neurológicas y renales.
En mi dilatada práctica clínica, he atendido niños con cuadros complejos, sin embargo, la complicación más temida sigue siendo el golpe de calor con temperatura corporal central superior a 40 grados centígrados acompañada de disfunción del sistema nervioso central.

Las temperaturas extremas pueden agravar, además, enfermedades respiratorias, cardiovasculares y neurológicas preexistentes y pueden disminuir el rendimiento escolar por alteración de los procesos de atención, memoria y aprendizaje.
La gravedad puede ser de tal magnitud, que además puede generarse una respuesta inflamatoria sistémica con fallo multiorgánico, coagulopatía, rabdomiólisis, insuficiencia renal aguda y eventualmente la muerte.
Esa es la razón por lo que recomiendo mantener a los niños bien hidratados, evitando la exposición solar entre las 10 de la mañana y las 4 de la tarde y vestirles con ropa ligera, transpirable y de colores claros.
Los ambientes ventilados o climatizados son los espacios adecuados para mitigar el calor, pero guarecerse bajo la sombra de un árbol también es saludable.
El gran desafío de hoy es enfrentar el cambio climático con acciones que garanticen la preservación del medio ambiente involucrando a todo el tejido social para que las presentes y futuras generaciones puedan vivir en un entorno saludable.
Es importante señalar que cada madre informada se convierte en la primera barrera de protección frente a estas amenazas ambientales. Porque proteger a un niño del calor no es solo una recomendación estacional; es una intervención médica preventiva basada en fisiología, evidencia científica y compromiso con la vida.
jpm-am


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