La realidad que se desnuda en cada proceso electoral y en el ejercicio partidario interno de República Dominicana es cada vez más preocupante y el dilema de los partidos entre la riqueza y el país, eleva la preocupación con la elección de personas de poco apego a la honestidad, la moral y el respeto a los valores patrios.
Por esa razón, hoy el mundo nos ve con esa preocupación, sobre todo, cuando se descubre, apresa y condena a un legislador, a un representante de la Ley, un militar, un político o a un funcionario que jura defender los intereses de la nación y el patrimonio público y que termina solo llenando sus bolsillos.

Otro aspecto degradante lo constituye el hecho de que todo el que alcanza cierto nivel de fama, por acciones populistas, conducta fuera de los valores éticos-morales, cuando el alto o el bajo mundo los levanta, aspiran a ser políticos y, hasta alcanzar el poder, como ocurre en los países donde los carteles del mal trazan la pauta.
Los años de experiencia en la crónica política y en el ejercicio periodísticos en diversas áreas, tuvimos la suerte de conocer a los grandes líderes de las últimas décadas y de seguro podemos decir que su mayor preocupación pendía de la buena valoración de la gente en cuanto a su honestidad y valores éticos, lo que se ha ido perdiendo con marcada rapidez.
Las grandes dificultades que ha debido afrontar el país en la presente década son muchas y poco comunes en la historia republicana, pero los cabezas de partidos, quienes han tenido el privilegio de relevar a esos grandes líderes, deben seguir su ejemplo y cuidar del país, de los dominicanos y de su permanencia como nación.
Hay que pensar cuidadosamente a quienes se escoge como propuesta para dirigir los destinos del país en el porvenir, es decir, legisladores, autoridades municipales y judiciales, más aún, para la Presidencia de la República, porque el sistema de partidos podría seguir perdiendo credibilidad en el electorado dando paso a procesos lamentables, cuyos ejemplos huelga mencionar.
La política no es un juego, es una ciencia respetable, el arte de gobernar y, poner los partidos en manos en manos equivocadas, podría conducirnos al peor destino, lo que lamentaríamos para siempre. Hay que pensarlo ahora.

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