POR NATYOBI MEJIA
Un brindis exitoso rara vez es producto de la improvisación. Detrás de una mesa bien presentada existe un proceso de planificación que toma en cuenta el perfil del evento, las características de los invitados, el presupuesto disponible y el tiempo de duración de la actividad. Estos elementos permiten definir no solo la cantidad de alimentos a servir, sino también el estilo gastronómico más adecuado para garantizar una experiencia memorable.
En República Dominicana, las picaderas tradicionales continúan ocupando un lugar privilegiado dentro de las celebraciones sociales y familiares. Opciones como quipes, pastelitos, croquetas, bollitos de yuca, pinchos, mini sándwiches y tostones rellenos se mantienen entre las más solicitadas por su practicidad, sabor y capacidad para adaptarse a diferentes escenarios.
Sin embargo, la evolución de la industria de eventos ha llevado a incorporar propuestas más sofisticadas para actividades de carácter corporativo, bodas, recepciones y encuentros de mayor formalidad. Tablas de quesos y frutas, canapés, mini tartaletas, bruschettas, salmón ahumado y otras opciones gourmet forman parte de las nuevas tendencias gastronómicas, especialmente cuando se busca complementar la experiencia con vinos y bebidas especiales.
Especialistas del sector coinciden en que uno de los errores más frecuentes es calcular las cantidades únicamente en función del número de invitados. La duración del evento juega un papel determinante en el consumo.

Para un brindis corto de entre 30 y 60 minutos, la recomendación promedio oscila entre seis y ocho piezas por persona. En actividades de una o dos horas puede aumentar entre ocho y doce piezas, mientras que eventos de larga duración pueden requerir entre doce y dieciocho piezas por invitado. Cuando las picaderas sustituyen una comida principal, la cantidad puede superar las veinte piezas por persona.
La hora de realización también influye en la selección del menú. En actividades matutinas suelen predominar opciones ligeras y frescas. Durante el mediodía, los brunch ofrecen alternativas más amplias y variadas, mientras que las tardes y noches permiten incluir propuestas gastronómicas más elaboradas.
Aunque frecuentemente suelen confundirse, merienda y brunch responden a conceptos distintos. La merienda corresponde a una comida ligera que generalmente se desarrolla durante horas de la tarde y tiene una duración corta. El brunch, por su parte, combina desayuno y almuerzo, incorpora mayor diversidad gastronómica y suele extenderse durante más tiempo.
Más allá de tendencias y protocolos, expertos señalan que la clave para un brindis exitoso no depende exclusivamente del presupuesto, sino de la capacidad de armonizar hospitalidad, presentación y selección adecuada de alimentos según el propósito de cada encuentro.
En un contexto donde los eventos buscan generar experiencias más memorables, la gastronomía continúa consolidándose como uno de los elementos más importantes dentro de la planificación.
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