Antes de iniciar con el desarrollo de este artículo, considero imprescindible puntualizar respecto a dos cuestiones. En primer lugar, cuando hago referencia al “ADN” pretendo significar algo que compone parte esencial de una persona u organización; en este caso, el PRM.
Por otro lado, este escrito no se trata de una predicción, sino más bien de un ejercicio de análisis de lo que ha sido el comportamiento del PRD-PRM.
No se puede abordar la historia del PRM separada de la del PRD, porque el primero es una extensión del segundo, con las mismas personalidades. El único cambio que ha experimentado esa entidad es el nombre y sus colores; no obstante, en el fondo, es lo mismo.
Con el propósito de tener una mayor comprensión de lo que digo, imaginemos una persona que se ha cambiado el nombre: ¿deja de ser ella/él por el hecho de tener otro nombre? Conocemos la respuesta.

La historia del PRD-PRM ha estado marcada por las divisiones. La primera más importante se produjo en 1973, con la salida de Juan Bosch de esa organización y la fundación del PLD. Bosch consideraba ese partido incontrolable debido a los grupos internos que se unieron con la finalidad de fragmentarlo.
El PRD asciende al poder cinco años después de su primera división en 1973; su paso por el gobierno duraría 8 años. Las contradicciones entre Jacobo Majluta y Salvador Jorge Blanco ocasionaron su salida del Palacio Nacional en 1986. En 1987, tiene lugar una nueva crisis, en esta ocasión entre Majluta y Peña Gómez.
En 2004 se produce otra fragmentación debido a la modificación constitucional impulsada por Hipólito Mejía. Un grupo, liderado por el entonces presidente, la apoyaba, mientras que otro, presidido por Hatuey de Camps, la rechazaba. Cabe destacar que, luego de la celebración de las elecciones de ese año, la dirección política de ese partido expulsó a su presidente, Hatuey, junto a otros dirigentes de la organización.
Siete años después, ocurrió otra ruptura, cuando se enfrentaron dos facciones: una encabezada por Hipólito Mejía y otra por Miguel Vargas Maldonado, lo que llevó a la fundación del PRM en 2014.
Finalmente, creo que es importante señalar que el PRM ha logrado sortear diversas dificultades que, en el pasado, lo encaminaban hacia el fracaso. No obstante, lo anterior nos invita a cuestionarnos:
¿Será capaz el PRM de superar su historial de divisiones en 2028? ¿Podrá el liderazgo del presidente Abinader prevalecer sobre los conflictos internos impulsados por las ansias de poder? Su ADN, heredado del PRD-PRM, sugiere que, históricamente, las fragmentaciones dentro del partido tienden a prevalecer.
jpm-am


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