Al parecer, en la realidad dominicana deberá considerarse como reglón de prioridad en los próximos años, el problema de la salud mental y tanto el Estado como el sector privado precisarán de grandes inversiones para manejar y controlar el desorden que se apodera de estas calles de Dios y de la convivencia humana.
El irrespeto a la autoridad, la negativa a acatar las disposiciones oficiales para garantizar el orden y la justicia, encuentran poderosos exponentes en aquellos que buscan pescar en río revuelto, viven de negocios espurios, del tráfico de influencias, la delincuencia, el crimen organizado y uso del poder, para imponerse a los demás.

Si observamos el día a día en las calles de las principales ciudades y pueblos del país, la descarga que sirven las redes sociales, la impotencia de la gente común, el irrespeto a las fuerzas del orden y los abusos de agentes que se suponen al servicio de la ciudadanía, parece una obra de teatro abierta a nivel nacional, donde todos son protagonistas, delincuentes, justos, injustos, equilibrados y desequilibrados.
La rebeldía de los delincuentes, de la gente cuyos derechos son violados sin compasión, la entrada en operación de la “Anti policía”, para desacreditar su proceso de transformación, están a la orden del día y cuando la inconsciencia prima en la debilidad humana, los resultados suelen ser lamentables en el corto y mediano plazos.
Los ingentes esfuerzos del gobierno de turno por legar una gestión transformadora y capaz, por un porvenir cierto para los hombres y mujeres de bien, no llegan a camino cierto en el tiempo previsto, debido a la oposición injusta e inconsciente, la irracionalidad de los ciudadanos, el desorden migratorio y otros males que deben ser enfrentados y controlados en el mediano plazo.
Es tiempo de poner el cascabel al gato, tomar el control con autoridad equilibrada, para que los males que ahora se apoderan de un país caracterizado por la dulzura de su gente, la comprensión ciudadana tradicional y el amor al prójimo, no caigan definitivamente en el abismo.
La salud mental, las estructuras y recursos necesarios para preservarla en la gente, debe ser prioridad del Estado, el empresariado, grupos de presión, las iglesias, medios de comunicación y toda estructura sensata que procure el bien de la nación. Ojo abierto con este fenómeno.
jpm-am

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