Dejar de un lado el divisionismo en todas las iglesias

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EL AUTOR es ministro cristiano. Reside en La Vega.

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Las personas consideran que siempre tienen la actitud correcta, ante las diferentes circunstancias que confrontan. Esto hace que no se hagan cambios significativos para mejorar sus respectivas conductas y en consecuencia se repiten las mismas, obteniendo el mismo resultado o peor.

Todo lo que implica esfuerzo, necesita sacrificio, lo cual por lo general no se desea ni se quiere hacer. Por eso, éstas prefieren lo fácil antes que lo difícil.

La actitud irresponsable es aquella en que no se toman en cuenta los peligros o daños posibles, cuando ésta se efectúa. Conducir un vehículo bajo el efecto del alcohol, o en un exceso de velocidad, o tremendismo, lleva a posibles muertes o daños físicos a personas inocentes e ignorantes de los sucesos. Es de personas irresponsable pensar en llenar su egoísmo en detrimento de vidas humanas, o de animales que circundan en el mismo espacio.

Cada persona dentro de su función social, empresarial, gubernativa y religiosa asume responsabilidades que deben ser ejecutadas con certezas y con cordura que logren los objetivos buscados, los cuales deben ser dentro del bien y la prosperidad de los individuos y de la sociedad en general. Por consiguiente, se requiere que se analicen todas las vertientes para obtener el mayor rendimiento en los menores recursos invertidos.

La irresponsabilidad es lo inverso de la responsabilidad, y en ese sentido, deben cualificarse éstas. No es la misma responsabilidad que debe tener un médico, que trata con la salud, que un maestro que trata con la educación. La primera tiene que ver con la vida de individuos, y la segunda con el desarrollo del individuo y de la sociedad.

La vida es el principal recurso del ser humano y social. La irresponsabilidad en cualquier de estos dos renglones es dañina, pero una es peor que el otro.

El político como ente social, y posible director de las políticas educativa y de salubridad, tienen mayor responsabilidad que los dos anteriores. Ambos sistemas están bajo políticos, aunque a la vez sean técnicos en sus áreas.

Un mal sistema educativo, o mal sistema de salud dependen mayormente de los políticos, y no únicamente de los profesionales de las respectivas áreas. Pero, en muchos países, la irresponsabilidad la van tirando de mano en mano, pues nadie la reconoce en sí mismo.

La irresponsabilidad mayor recae en los sistemas fácticos de la moral y de la religiosidad. Toda sociedad depende de estos dos aspectos, pues son ellos los responsables de determinar los valores morales, espirituales y divinos en las personas, y por ende en la sociedad.

La cultura de los pueblos debe descansar en valor moral y religioso. Pero ambos renglones están secuestrados por lo económico, que es lo que determina lo ideológico.

Ha sido una gran irresponsabilidad individual y colectiva, que los países no puedan determinar cuáles son sus valores, porque los valores foráneos, a través de lo económico y en un supuesto desarrollo han destruido las culturas nativas.

Reemplazando lo bueno por lo malo; de lo conocido, por lo desconocido. Un reemplazo sin sentido y sin razón que ha llevado al desequilibrio moral, religioso y por ende a la irresponsabilidad general.

El pasado reciente después de la revolución industrial, de las aperturas libertarias, del desarrollo tecnológico y sobre todo de la globalización, el hombre nativo ha quedado desamparado, ante un mundo cruel, insensible e incrédulo.

La primera aberración es la que se expresa que para una persona conseguir un trabajo en el tren gubernamental, tiene que ser del partido de gobierno, lo cual es justificado por los miembros de los partidos; la capacidad y la nacionalidad no se toman en consideración.

Tiempo es que las diferentes iglesias comencemos a formar individuos que sean buenos ciudadanos de los reinos terrenales y celestial. Esto se puede hacer  tomando la responsabilidad de enseñar valores morales, espirituales y divinos en las sociedades y en los miembros de las iglesias.

Dejar de un lado el divisionismo en todas las iglesias, volver a las enseñanzas de nuestro Maestro y Salvador Jesucristo, quien es el único que puede salvar a este mundo, en todo sentido.

jpm-am

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