Desde su independencia en 1804, los haitianos aspiraban a aumentar su territorio mediante la amputación del territorio de la colonia española de oriente, deshabitada, pobre y con escasos habitantes donde los invasores de la isla Tortuga habían hecho de la costa norte de la isla su zona de operaciones.
Las incursiones de los bucaneros europeos habían hecho de la costa norte su hábitat en donde la crianza libre de las reses los proveía de pieles y carne para su sostenimiento. Ya con el tratado de Aranjuez de 1777 los franceses adquirieron derecho de propiedad con limites definidos de una porción de la isla que convirtieron la colonia en un emporio de riquezas en donde la mano esclava de la población africana proporcionaba grandes riquezas a los colonos europeos que obligaron a Napoleón en el apogeo de su poder enviar una nutrida expedición para salvaguardar esa fuente de riquezas que era su colonia en el Caribe.
Los primeros cortes del territorio español lo hizo el dictador haitiano Henry Cristóbal en 1809 cuando se apoderó de las poblaciones de San Miguel de la Atalaya y de San Rafael de la Angostura que desde esa época pasaron a formar parte de Haití.
Luego, cuando otro dictador haitiano Boyer había ocupado el oriente de la isla para iniciar su ocupación de 22 años, los haitianos asumieron la propiedad de las poblaciones de Hincha y de Las Caobas en torno a 1824. Hincha era el centro urbano más importante de Haití después de Puerto Príncipe y Cabo Haitiano. En pocos años en esas dos poblaciones ocupadas por los haitianos la presencia española era notable, pero en pocos años esa cultura hispana fue absorbida por la negritud haitiana.
Tales fueron los despojos que Haití le hizo a la colonia española en la mutilación de esas poblaciones con lo que Haití aumentó su territorio en unos 6 mil kilómetros cuadrados.
Para 1821 con la invasión de Boyer al oriente de la isla para el inicio de su ocupación de 22 años, el deshabitado territorio español fue pisoteado por las huestes haitianas en un ejército expedicionario bien equipado y con objetivo de permanecer para siempre en el suelo español donde ya se gestaban los sueños de una nación libre del yugo haitiano.
Durante las luchas de la separación las tropas dominicanas ocuparon por varios días la población de Las Caobas que ya era haitiana, pero por la escasez de pertrechos y alimentos los dominicanos abandonaron el sitio el cual quedó en manos haitianas.
Las ocupaciones haitianas del territorio dominicano adquirieron patente de hecho cumplido y para el 1929 ya se consideraba como haitiano lo que para el siglo XIX todavía era español y más luego dominicano gracias al arrojo de los dominicanos en su naciente patriotismo para tener su propio territorio libre de las oprobiosas botas de los invasores.
Las relaciones de los pueblos de la isla no han dejado de sufrir altibajos en donde las ambiciones y celos dominan en el sentir de cada jefe isleño hasta la dictadura de Trujillo, que aplacó las apetencias coloniales de Haití y su acariciado empeño de ver de nuevo la bandera bicolor haitiana ondeando en el Altar de la Patria, apetencia inalcanzable por nuestra obstinación dominicana de ser libre de todo dominio extranjero.
jpm-am


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