El accidente ocurrido en un sector de Consuelo, en San Pedro de Macorís, con el desplome de un viejo acueducto con 36 años de construido, aunque ha sido tomado como sujeto político para afectar la buena imagen ganada por el Instituto Nacional de Aguas Potables (INAPA), deja un mensaje ulterior que debe ser entendido.
Es costumbre negativa de gran parte de los dominicanos, como lo es en muchas naciones en vía de desarrollo, aprovechar los trechos abiertos para asumirlos como caminos propios y erigir en ellos sus feudos, viviendas y negocios, sin temor alguno al poder de la naturaleza.
La lectura que nos deja este incidente en que lamentablemente resultaron heridas personas inocentes y muchas sus viviendas construidas en el entorno, debemos asumirla como un reto, por lo que hemos señalado.
Lo propio ocurre a orillas de los ríos, cañadas y arroyos, en nombre de la pobreza o del derecho que les confieren los politiqueros en campaña, olvidando que la naturaleza no cede su espacio y que el agua es el elemento más poderoso de los cuatro que la conforman.

Independientemente de la rapidez con que los funcionarios del INAPA rindieron su informe y la pronta presencia de su director en el lugar del hecho, asegurando que los daños serán resarcidos, hay que crear conciencia, educar e insistir en ello, porque cuando una obra se construye tiene capacidad y tiempo limitados y en la medida que larga se hace más pesada, más rápido se agota.
Esto pasa y seguirá pasando, si por razones de clientelismo, de amiguismo o de otra índole, se sigue permitiendo la edificación de viviendas, negocios y afines, porque el tanque de un acueductos es como el lecho de un río, mientras más lo agitan, su desborde se acelera y los daños son peores, como ocurrió en San Cristóbal, cuando su río se cansó de los abusos y bajó llevándose todo, aunque siempre el culpable será el Gobierno de turno.
La falta de respeto a las medidas sociales, basadas en las leyes que regulan su operatividad, tendrán siempre resultados similares y las autoridades de turno tendrán que cargar con la culpa. Es bueno que comencemos a actuar como país, como sociedad civilizada, para evitar tragedias y amargos episodios como el de Consuelo. Basta con aplicar la ley.

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