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Hace alrededor de un mes se cumplió el 112 aniversario del natalicio del Prof. Juan Bosch, y considero aún válido el momento para hacer una reflexión innovadora acerca de lo que fue su vida en términos políticos, que es lo que más nos importa en este momento crucial de la vida dominicana.
Para los que hemos seguido su vida y su obra nos puede resultar un tanto difícil definir con certeza cuál fue su verdadera identidad en el plano político; a sabiendas de que fue desde el inicio de su vida un libertario, un patriota, un revolucionario, un demócrata, un abanderado de la justicia social, un humanista, un artista, en fin, son muchas las condiciones que caracterizaron su vida y su ejercicio público, y por tal razón es que resulta difícil poder asumir y afirmar cuál era su condición predominante.
La lectura de sus primeros cuentos y de su novela la mañosa nos dicen que era un ser predominantemente social, porque aun sin ser político llevó el tema social al género literario del cuento y también al de la novela.
Creo que siempre fue un ser social en su esencia, y esta condición pudo haber sido la que lo llevó a convertirse en un político, pero lo más raro fue que no se convirtió en un político socialista sino en un demócrata liberal y revolucionario.
En 1962, cuando regresó al país después de más de 20 años de autoexilio, planteó la revolución democrática nacional como forma de desarrollar el país e impedir que el mismo cayera en el comunismo.
Más adelante, después del derrocamiento de su gobierno y del fracaso de la guerra de abril de 1965 decidió renegar la democracia representativa, pero sin caer en el autoritarismo de la izquierda revolucionaria, ni mucho menos en el conservadurismo de la derecha, que eran las dos corrientes que predominaban en América Latina.
En ese momento decidió asumir la revolución de liberación nacional como única forma de poder continuar en la lucha política con una base ideológica que fuera coherente con la realidad de la república dominicana y de América Latina.
No le importaron las críticas de la derecha conservadora ni las de la izquierda revolucionaria autoritaria, porque estaba seguro de que su plataforma era acertada y defendible, aunque siempre he creído que debió estar seguro y convencido de que no era posible ni realizable en el escenario imperante en república dominicana y América Latina.
El acercamiento del fin de la guerra fría le llevó a darse cuenta de que la única opción posible era el retorno al redil de la democracia y para tales fines empezó a adecuar a su partido para competir en las elecciones que se realizaban no como táctica sino como estrategia para alcanzar el poder.
Lo que nunca concibió fue el ejercicio del poder para beneficio de unos pocos ni para impedir el cambio en vez de promoverlo, por tal razón creo que la condición que prevalece en su vida y en sus decisiones políticas es la de haber sido un revolucionario neuro hormonal.
Eso precisamente, es lo que hace falta en estos momentos en república dominicana, un líder revolucionario, pero al mismo tiempo libertario y democrático.
JPM


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