Por Samuel Sánchez E.
Durante años los activistas comunitarios de la ciudad de Nueva York han enfrentado el abuso y abandono de los edificios por parte de los landlord en los vecindarios pobres; la lucha se ha librado en varios frentes, desde dar asistencia para que las familias de bajos ingresos paguen menos alquiler, hasta solidarizarse visitando las cortes de vivienda para enfrentar a los caseros avaros e incumplidores sin límites.
Ser propietario de una casa en Estados Unidos es realmente un sueño para las familias trabajadoras, los bajos salarios y las obligaciones financieras que ello implica, más los recurrentes atrasos en los pagos, se convierten en una verdadera complicación.
Es decir, excepto que se auxilie de un programa o subvención federal o estatal asequibles, la clase trabajadora está condenada a ser inquilina y la calificación para estos programas es extremadamente difícil.
El problema del inquilinato primero es que se paga por un bien que jamás será propio, sobre el que no puedes decidir nada y solo te toca devolver la propiedad al cumplir el contrato y en los barrios de los trabajadores los propietarios de edificios abusan reiteradamente, pero sin olvidar el cobro religioso de su alquiler. Es decir, tiene el derecho de cobrar, pero no el deber de reparar y dar buen mantenimiento.
No me refiero al trabajador que con mucho sacrificio compa una casa de dos o tres familias, vive en un apartamento y para asegurar el pago de su hipoteca, alquila una o dos unidades; este trabajador cuida su propiedad y casi siempre es consecuente con sus inquilinos; me refiero a los landlord que tienen como negocio el alquiler de edificios que, además, no van por sus propiedades y les da tres pitos la suerte de sus clientes.
Recientemente el New York Post publicó un trabajo de la pluma del periodista John Ketcham, en la que llama la atención sobre la nueva “Office of Mass Engagement” u Oficina de Participación Masiva, a través de la cual la gestión del alcalde Mandani desarrolla “Su plan de vivienda (y) propone confiscar edificios que están en manos de «malos actores» y transferirlos a «administradores responsables», como organizaciones sin fines de lucro”.
El propósito de señor Ketcham es denunciar de manera encubierta, lo que podría ser una acción municipal que pretende hacer frente a los reiterados abusos de los caseros y por fin dar el lugar que merecen y necesitan los trabajadores inquilinos que ven caer a pedazos los apartamentos que pagan con sangre, sudor y lágrimas.
Durante años los caseros han apoyado económicamente las campañas de muchos oficiales electos en NYC y el resultado ha sido voltear la cara cuando toca legislar a favor de los inquilinos: regular los alquileres, exigir mayor compromiso con el mantenimiento y mejorar la seguridad de los edificios.
De prosperar la propuesta de la Office of Mass Engagement en la presente administración, los ataques, incluso de algunos inquilinos, no se harán esperar. Sin embargo, la clase trabajadora, no puede seguir recibiendo tan mal servicio por tan altos costos y al final solo tener dos caminos: pagar altos alquileres o mudarse hacia las afueras.
Es oportuna y bienvenida la acción para que los inquilinos de edificios en situación de virtual abandono se conviertan en cooperativas y lo gestionen como copropietarios, aportando el mantenimiento correcto y con un manejo pulcro de los fondos del edificio. Me parece la mejor noticia que pueden recibir quienes fueron dejados a su suerte con altos alquileres y poco o ningún servicio.
El periodista del New York Post, le preocupa que los edificios en manos de los inquilinos, concluyan con la misma mala experiencia de los proyecto NYCHA (viviendas públicas), es oportuno señalar que es muy positiva la experiencia de los coop gestionados por inquilinos, claro también considero oportuno aumentar la capacitación de los gestores, formarlos en los roles de la junta directiva y aprendizajes básicos sobre administración que les permita saber que pasa con las finanzas de su proyecto colectivo.
Si el alcalde Mandani concreta esta iniciativa, cientos de familias trabajadoras dejaran de ser inquilinos, tendrán sentido de pertenencia y no se verán compelidos a abandonar la ciudad por el encarecimiento de los alquileres.
Es esencial señalar que el alcalde, solo esta aplicando la ley vigente y de concretarse todos deben respetar las reglas de juego.


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