Si hay un presidente que merece un reconocimiento por el uso inteligente de sus habilidades para sacar provecho a cada situación difícil, ese es Luis Abinader. No hay duda de que el actual jefe de Estado se ha convertido en un excelente cazador de oportunidades para ensalzar su imagen y saberla colocar dentro de la opinión pública.
Tal parece que el primer mandatario de la nación dominicana se ha leído bien los manuales del marketing de imagen, de esos que te dicen cómo convertir crisis en oportunidades. Y no solo que los ha leído bien, sino que los ha practicado mejor que nadie.
Hasta tal punto esto es así, que, si existiese un premio en esta área, habría que concedérselo sin regateo. Hasta ahora, Abinader ha sabido capear tormentas que él mismo crea de acuerdo a sus cálculos políticos. Como diríamos en el argot popular, “se pasa de listo”.
Igual actúan los pirómanos, que apagan el fuego que ellos mismos provocan para hacerse los salvadores y levantar admiración hacia su persona. La cadena de yerros sucesivos que luego son rectificados y presentados como parte de un nuevo estilo de gobernar, supuestamente basado en la flexibilidad y receptividad de un presidente sencillo que sabe escuchar, reconocer y enmendar sus equívocos, no parece que sea algo casual.
Si le seguimos el hilo, veremos que hay un patrón conductor, una línea de acción, una sistematicidad en la que cada desacierto y sus consecuencias parecen encajar dentro de un plan que le permite aparecer como un chapulín colorado, salvador de la situación. Esta conclusión es deducible partiendo de que el presidente siempre trata de sacarle capital político a la situación.
Ejemplo de esto último, es la convocatoria propagandista para tratar el tema haitiano con el objetivo de montarse, de forma oportunista, en la ola de simpatía que genera el tema, adoptando un falso tono de firmeza que pronto será abandonado, tal como ocurrió con las parturientas haitianas que drenan nuestro presupuesto de salud, y el más reciente envió al congreso de la República de un anteproyecto de ley entregando prácticamente la soberanía nacional.
Cuando las olas del clima político-social se encrespan y parecen volverse amenazantes por algún error, metida de pata, incompetencia de sus funcionarios o inexperiencia presidencial, el mandatario ya tiene el salvavidas puesto para no hundirse y flotar en medio de las dificultades.
Del presidente se dice mucho que tiene buenas intenciones, pero las buenas intenciones no son garantías de éxito, porque hasta el camino al infierno está empedrado de buenas intenciones, según dice el refrán popular.
Y como se le atribuyen anticipadamente buenas intenciones, se les perdona todos sus desaguisados, sean adrede o no intencionales.
Abinader ha creado en torno a su figura, en su proyección pública, una rara mezcla de héroe y villano al mismo tiempo.
El villano es cuando algo le sale mal y recibe la reprimenda popular, el rechazo y condena de las redes sociales, medios de comunicación y el sentir mayoritario de los dominicanos. Inmediatamente se da cuenta de ello, busca ponerse a tono con el ambiente mediático predominante, colocándose el disfraz de héroe que salva la situación y se salva a sí mismo con las correcciones y rectificaciones consabidas.
Hemos visto en esto un comportamiento sistemático que le ha permitido salir airoso y ganancioso cada vez que lo ha practicado. Como si fuese el dañador de un aparato que se convierte a la vez en el arreglador. Para llevarse los méritos como buen reparador.
Así, tenemos un presidente con las manos en la reversa. Que da un paso adelante y otro para atrás. Y así no avanza ningún país, el cual parece que está en las manos de un médico ‘matasanos’ que practica con cuerpos vivos y sepulta en una tumba los errores cometidos.
Una de las últimas improvisaciones que se suma a la larga lista de “pa’lante y pa’tras” de esta infortunada gestión presidencial, es el retiro del Congreso Nacional el proyecto relativo a la Explotación y Tráfico Ilícito de Migrantes ante el clamor nacional de que se estaría violando la constitución y la soberanía nacional. Ojalá la oposición política dominicana sepa navegar alrededor del fuego que enciende el presidente, y luego busca bomberos para que le ayuden a apagarlo.
jpm-am


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