POR GUARIONEX LUPERÓN
El asesinado presidente de Haití Jovenel Moïse, un joven empresario que apenas hace unos días pidió a la comunidad Internacional ayuda y colaboración para detener el ¨ciclo infernal de inseguridad¨ que vive la nación haitiana, clamó en el desierto.
El presidente Moise hizo lo imposible por estabilizar a Haití, un país no solamente ¨fallido¨ sino vencido y derrotado por el infierno de su propia miseria, el descalabro de la estructura productiva y la ambición desmedida de una pequeña élite descalza y simbólica.
En su último discurso, en un escenario dramático y agónico de un monarca, Jovenel clamó en las regiones áridas de la solidaridad Internacional, no por una de esas odiosas intervenciones ¨de tropas extranjeras¨, como la que se produjo en el 1915, ni la de ¨la ONU entre 2004 y 2019¨ que hizo poca cosa por estabilizar a Haití y sentar las bases de desarrollo estructural para una verdadera democracia, sino por el «compromiso» en la lucha contra la inseguridad, ayudas que los conflictos de la geopolítica en el Caribe se tragan.
En su alocución de junio Jovenel describió de manera dantesca y critica la situación de la ingobernabilidad en la vecina nación, «un estado¨ marcado por ¨ un ciclo infernal de violencia durante los últimos 18 años, un ciclo infernal de inseguridad que nos pone en una situación en la que todo el tiempo estamos obligados a apagar el fuego».
Describió a Haití como Estado en una situación de impotencia, atrapado entre el furor de la pandemia de los ¨conflictos territoriales¨ que protagonizan ¨bandas armadas¨ en los barrios de Puerto Príncipe, luchando por un poder de una nación ficticia.
Lo que ha pasado en Haití, acribillar al Presidente, es una afrenta para el mundo libre; una vergüenza para la comunidad Internacional que ha dejado a este mandatario caribeño solo.
Un Presidente elegido de forma democrática, que ha muerto en la plenitud de su vida, haciendo de tripa corazón para gobernar un país ingobernable, más que dividido, fragmentado por el espíritu del ¨Llamado de la tribu¨, que conserva en el cuerpo insular el rastro del saqueo histórico de las grandes naciones, como aquel ingenuo arquetipo de Jan-Joseph, personaje central de la novela ¨Gobernadores del Rocío¨ del escritor haitiano Jacques Roumain, que en su delirio de bondad, cae ¨ asesinado por una mano traidora¨
Sin embargo, me disculpan: al Presidente de Haití no le mataron atrozmente, las incursiones de los hunos ¨del G9 an Fanmi e Alye¨, eclipsando “la esperanza de los jardines” democráticos que forjaba en favor de su país, ni ¨ningún grupo especial¨, tipo el filme ¨Mercenarios de élite¨ de Matt Eskandari, sino la indiferencia de la comunidad Internacional.


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