SYDNEY, Australia.- Sé que muchos de mis amigos y seguidores estarán a la expectativa de mi artículo de esta semana, por los centenares de comentarios que generaron mis cartas públicas a Danilo y a Leonel.
Para cualquier padre es motivo de profundo orgullo y satisfacción ver a sus hijos crecer, desarrollarse, alcanzar una carrera universitaria y casarse. Es como si eso fuera parte del compromiso que establece Dios con cada uno de nosotros, para trazar una ruta precisa en la vida de nuestros hijos e hijas. La Biblia dice muy claro, en 2da de Corintios 9:6, que «el que siembra escasamente, también segará escasamente; y el que siembra generosamente, generosamente también segará». Y con nuestros hijos esa siembra debe ser aún mayor para que la cosecha traiga grandes beneficios al nuevo hogar que ellos y ellas construyan, a nuestros nietos y nietas y a toda la familia de la cual nosotros somos el tronco.
Dios me permitió tener dos hijas: Amelia y Cheizi. La mayor, Amelia, se graduó de Licenciada en Administración Hotelera y Turismo, hace ya unos años. Se casó con el Coronel Indalo Cuello y me ha hecho abuelo de dos hermosos nietos: Ianna Amelie, de 3 años y medio, y Juan Fernando, de casi un año. En Amelia, mi esposa Zinayda y yo, sembramos con ilusiones y amor. Y hemos cosechado con fe y esperanza.
Con nuestra hija Cheizi, la menor, hemos aprendido a conjugar el verbo de la paternidad en todos los tiempos y circunstancias. Pasamos momentos muy difíciles y complicados, pero la paz y la misericordia de Dios, y el amor y la comprensión de nuestra iglesia Palabras de Vida, estuvieron siempre presentes y permitieron que Cheizi fuera el camino hábil para entregar nuestros corazones a Jesús. Cuando hace unos años ella nos dijo que quería estudiar en Australia, sentimos una gran preocupación porque estaría en el otro lado del mundo, sin nosotros a su lado y sin nuestro apoyo cotidiano. Pero nuestro Señor la ha cuidado y colocó a su lado a Chris Beard, un joven inglés que además de su novio ha sido un ángel protector. Y Dios ha permitido que Cheizi se haya graduado de dos carreras: En el 2102, un Diplomado de Danza en la Universidad Hillsong de Sydney, y este sábado 9 de mayo, una Licenciatura en Artes Dramáticos, en la Universidad Wesley de Australia.
Cuando ví a mi hija Cheizi recibiendo su segundo diploma, lágrimas de emoción, de amor y de satisfacción, rodaron por mis mejillas. Y un profundo agradecimiento lleno mi corazón. Gracias Dios Mio por cuidarla, gracias Zinayda por amarla, gracias Raffy, Mireya y líderes de ICPV por apoyarla y gracias a toda la familia y amigos por hacerla sentir amada.
Gracias, mi hija Cheizi, por haberme permitido graduarme de padre y quererte como te quiero y te querré por siempre.


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