El modelo de militar concebido por el vicealmirante Eurípides Uribe Peguero se ciñe fielmente al rol de servir a la República, proteger la soberanía y las propiedades estatales, el cual actúa en franca oposición con la tendencia, de largo vigor, en la que los miembros de las fuerzas armadas han servido al crimen político y, como compensación, se les ha permitido utilizar para provecho personal los bienes públicos.
En su libro, recientemente publicado, se menciona por sus nombres a los militares asesinos, capaces de todo para sostener gobiernos despóticos como el de Rafael L. Trujillo y su familia, los que presidió el doctor Balaguer y el que formaron los golpistas de 1963. Y no escapan al rigor del juicio condenatorio aquellos otros que exprimen el presupuesto de las instituciones castrenses que les ha tocado comandar para ingresar a sus bolsillos los fondos destinados al eficaz funcionamiento de éstas.
Los gobiernos civiles que se valieron de militares trujillistas son alcanzados por el verbo acusador de Uribe Peguero, pero más crítica le merecen al autor los abusos con los ascensos, la discriminación de militares hasta por el color de la piel, los arreglos políticos de oficiales con candidatos presidenciales hasta llegar al transfuguismo y el oportunismo propios de los civiles.
A Uribe no lo ciegan simpatías para ofrecer informaciones, emitir juicios y colocar a cada uno en el lugar que le corresponde, conforme a sus hechos. Eso se evidencia en su trato al teniente coronel Rafael Tomás Fernández Domínguez, de quien no obstante exaltarlo como paradigma del militar honrado y correcto, insinúa –citando testigos- que ha sido magnificado, que era temerario y obstinado y que la toma del Palacio Nacional, el 19 mayo de 1965, donde murió, fue consecuencia de su terquedad.
El autor describe, analiza y critica las trayectorias y comportamientos de los militares en conjunto, pero especifica con asombrosa responsabilidad los nombres de aquellos que se han hecho ricos de forma insolente y de quienes han matado a mansalva a opositores de los regímenes a los que sirvieron. Por igual se refiere a los generales que con evidente deslealtad negaron al presidente que los llevó a altos rangos y puestos de mando.
Junto con la vocación de contar los hechos que ha investigado u observado, Uribe Peguero incluye en este libro una persistente preocupación por la corrupción y por la impunidad que circunda en nuestro país a los delitos de Estado, acciones en las que se han involucrado muchos militares de alto rango, desmedrando sus tareas fundamentales.Militares y autoritarismo es, definitivamente, un libro minucioso y documentado, ambicioso y profundo, valiente y necesario.


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