La miseria extrema y la estrepitosa caída de la clase media es imposible de controlar sino hay un reajuste de la programación económica. Los nuevos lineamentos tienen que unir desde un aumento proporcional de salarios, hasta contener el proceso inflacionario.
Sin una política de pleno empleo, que involucre tanto al gobierno como al sector privado, no se puede pensar en abrir las compuertas a los excluidos. El desempleo crece en el país, y el mercado informal degrada el ambiente comercial.
El factor escolar juega un papel preponderante en poner paliativos a la miseria extrema. La deserción escolar es pavorosa en los cuadros bajos de la población. Antes de terminar el quinto grado, la mayoría de los niños están a un paso de abandonar los estudios.
El embarazo de las niñas adolescentes también pone un candado al círculo de la miseria, y el cierre de oportunidades. La marginalidad necesita mejoramiento económico para poder dar un salto adelante. No tiene el impulso, ni la base de apoyo, para romper el círculo de una subsistencia infrahumana.
La clase media con todos sus gastos, unos superfluos y otros necesarios, también tiene la cabeza en la guillotina. Se está proletarizando a grandes zancadas. La clase media con todas sus ambiciones sociales no tiene para dónde coger y solo el arribismo político da la oportunidad de ejecutar el gran salto adelante.
Es necesario que se produzca una amplia valoración del momento social, político y económico que está viviendo el país.
En el reflujo social todas estas iniquidades son las que se imponen, pero en un día todo puede cambiar. Hay que hacer cambios paulatinos, dividir mejor el pastel y satisfacer las necesidades de los indigentes, antes de que su ira estalle.
En la estela actual es impensable una genuina y equitativa repartición de las riquezas. Casi imposible, pero si se puede dar un capitalismo de rostro humano, que piense en sus empleados, en la comunidad y en el bien común.
A pesar de que en la super estructura se habla de mejorías económicas, no hay dudas de que la realidad es que hay más hambre y miseria, donde se desborda el beneficio del inversionista; cuando se pone la balanza y se ve que no hay equidad de atesoramiento de riquezas y sacrificios.
Hay que saber convivir entre la opulencia y la miseria extrema. El equilibro es que salva la situación. Si el camino está cerrado, podría pasar como en los volcanes, que pasan decenas de años dormidos, y una mañana hacen erupción y la lava en un torrente de fuego destruye todo lo que está a su paso.
JPM


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