No es reciente ni en una sola región que siempre se abogue por la adopción de las máximas previsiones en procura de mantener a los narcotraficantes alejados de la política, y más aun de las campañas electorales donde con frecuencia buscan cobijarse en diversas formas.
Sin embargo, se ha tenido poco éxito en esa lucha, pues siempre el crimen organizado trata de influir en las campañas, ya sea mediante el aporte de recursos a candidatos de diferentes categorías o bien postulando de manera directa a sus representantes.
Ahora mismo en la composición del Congreso Nacional en nuestro país se dice que hay más de un legislador señalados por vinculaciones directas con el narcotráfico, sin que a nadie parezca producirle ni calor ni frío.
Así como en las Cámaras Legislativas abundan los llamados “banqueros” que no son otra cosa quede riferos, y suplidores de gas licuado de petróleo o propano, de ese mismo modo se pueden colar personas ligadas al negocio de las drogas.
Total, es un asunto de mover dinero en campaña, en un país donde el aberrante clientelismo es practicado por los políticos y alentado por los electores que sólo se mueven por las dádivas y que han hecho de esa deleznable conducta un modo fugaz de vida.
De modo que el lance que libran los partidos de la Liberación Dominicana y Revolucionario Moderno a propósito del tema, es un simple capítulo en una larga batalla por poner en evidencia quién ha tenido o tiene, mayores vínculos con el mundo de las drogas.
Resulta penoso que a escasas semanas de unas elecciones, dos de las principales formaciones políticas desciendan al peldaño más oscuro de la contienda, arruinando la posibilidad de que los votantes reciban propuestas y no diatribas.
Es una excelente oportunidad que tienen los electores de decantarse por la otra opción que encabeza el tercer bloque partidario que compite por la Presidencia de la República y que ha venido planteando reales soluciones para los problemas actuales y los que se heredarán.
Una oportunidad tan trascendente para la vida de una nación debería de ser aprovechada por sus habitantes con derecho al voto para elegir los gobernantes para soluciones y no competidores que se esfuerzan en ponerse en evidencia sobre la base de cuál está más enlodado.
Ahora bien, la confrontación que tiene atónitos a muchos la inició la dirigencia del PLD a propósito de la detención de un presunto narcotraficante vinculado al PRM.
Y uno, necesariamente, pregunta: ¿Y qué de «César el Abusador», quien pudo «escapar» de un cerco de más de 700 oficiales de la ley que le perseguían? Es evidente que, en esta materia, el PLD tiene un frágil techo.
JPM

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Nelson, César no es dirigentes ni candidato del PLD, Yamil Abreu, sí es dirigente y candidato del PRM, esa es la diferencia.