Atención con lo que pasa en gringolandia y en nuestro patio. No solo existen los que tienen sus corruptos preferidos, los hay con sus racismos preferidos, sustentados siempre en una falsa superioridad blanca.
Aquí el racismo tiene raíz colonial española, derivada de la opresión contra nuestros aborígenes y negros esclavizados, y de la discriminación del mestizaje. Se expresa como racismo anti-haitiano, reforzado por la manipulación ideológica de la fundación de nuestra república mediada por la separación de Haití, luego de afirmada embrionariamente nuestra identidad. Y digo separación, porque la independencia, mediatizada después, se conquistó en la lucha restauradora que derrotó la anexión a España impuesta a continuación de la ruptura con Haití.
Nos separamos de la primera república negra surgida de una revolución antiesclavista que triunfó contra el colonialismo francés en la parte occidental de la isla, proclamó su independencia y luego desplazó al colonialismo español de la parte oriental. Hecho, que manipulado por la ideología racista hispanófila y convertido en precario símbolo de nuestra independencia, ha servido para alimentar una modalidad de racismo potenciado con anti-haitianismo.
Así se metió en el mismo saco lo de ser dominicano/a y ser anti-haitiano/a. Se fomentó el odio contra ese pueblo hermano y la república que lo acoge. Se potenció la hispanofilia y el amor por una “madre patria” responsable de la conquista, la colonización, la anexión y sus crueldades. Se excluyó de la enseñanza la visión nacional anti-colonialista y anti-imperialista, al tiempo de estigmatizar la vecina revolución anticolonial y anti-esclavista, denostando con calumnias su heroísmo.
Santana, Báez, Trujillo, Balaguer, Danilo, Leonel y sus Vinchos, PRSC, PLD (post Bosch) y PRD-PRM (post Peña Gómez) -al compas de la música racista-mediática del gran empresariado pro-imperialista- se encargaron de convertir esa manera de pensar, en ideología abrumante y perniciosa. Tras ellos el coro racista-anti-haitiano de políticos, intelectuales, jerarcas religiosos, jefes militares, comunicadores y educadores, no ha dejado de bocear y envenenar conciencias.
Ahora bien, entre ellos los hay, que haciendo fe de hipocresía, como la hacen los detentadores del poder imperialista estadounidense frente al tema dominico-haitiano, capaces de criticar el racismo estadounidense contra su rebelde población afro-descendiente y “latina”, y contra sus emigrantes procedentes del mundo árabe y asiático, para descalificar las críticas a los brutales maltratos en territorio dominicano a inmigrantes y descendientes de haitianos.
El cuento del conejo diciéndole al burro “orejú”. Pero el problema irresoluble para ambos es que la humanidad se está decidiendo por las insurgencias masivas contra diversas opresiones: clasista, racista, patriarcal, despótica, ecocida y adulto-céntrica.

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