A mediados de los 80 en El Nuevo Diario sacaron las viejas maquinillas, y se informó que en lo porvenir se trabajaría en computadoras.
Quien no pudiera hacer el crossover, pasar de análogo a digital, tendrá que abandonar la redacción, era la determinación de Persio Maldonado, presidente y administrador de la editora.
Maldonado, persistente y efectivo había hecho el cambio como Dios lo ayudó y no había vuelta de hoja.
Para otros periódicos era la alternativa modernidad/obsolescencia. Para El Nuevo Diario era la agónica necesidad de bajar costos operativos, pues la digitación de los periodistas no significaba solamente agilizar en redacción sino además desplazar el tecleo en el departamento de Composición.
Como era yo de los jefes fundadores, y “accionista” del periódico, no se esperaba que me fueran a dar de baja porque no lograba entender esos comandos Ctrl, alt, del, Shift+F4 que se me cruzaban y entrecruzaban poniéndome a ver nimitas.
Mientras otros colegas aprendían rápidamente, yo andaba disimulándome entre rincones y cavilando por el patio… sólo Dios y yo sabemos la angustia y desesperación y las presiones a que me sometía el rezago.
De pronto una alma bendita me sacó a camino diciéndome: el sistema operativo de las PC es una barbaridad. Aprende en una Macintosh, que es más sencillo, y después te metes con las PC.
Me compré una Mac pequeñita que venían entonces, como de 8 ó 12 pulgadas las pantallas, le pedí a un usuario que me enseñara paso por paso a encenderla, escribir un documento, imprimirlo o archivarlo, y después apagarla.
No cabía de la contentura. Fue una sola lección. Luego de aprender a escribir seguí punchando en la Mac y se me hizo fácil entrarle a las PC, de modo que cuando hicieron de Windows una especie de clown de Mac, un sistema operativo amigable, para no decir calcado de Apple, pasé a nadar a mis anchas en las dos aguas.
Fue todo un peregrinaje de desaprender y aprender, como es todo proceso educativo, hasta meterle mano a las compus, sin pretender, nunca jamás, compararse uno a los nativos digitales, que por vía de la transmisión cultural nos llevan no conocimiento sino además nuevas dimensiones cognitivas.
Pero como dijo el poeta, el pariguayo no tiene suerte, y parece que alguien quiere que yo vuelva a ser análogo.
Me han deshabilitado cuentas de correo electrónico sin que haya yo violado los términos de Google, que han comprobado no insulto, no soy malapalabroso ni calumnio en las redes, no molesto a mujeres porque para enamorarse y coger prestado hay que mirar a los ojos y al alma del otro.
En estos días en que el PRM y Luis Abinader han arreciado la oposición al gobierno, bloquean masivamente los envíos de mis notas a medios, o le dan un dilate del diablo, a extremos en que estoy volviendo con Google a ver si dan con los culpables de tanta majadería, que se me ocurre comparar con el personaje garcíamarquiano al que alguien le desordenaba las rosas.


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