Entre los pensadores, filósofos y hombres de ciencias, hay la duda de si, “la humanidad está viviendo un cambio de época o una época de cambios”. Nos inclinamos por aceptar que “vivimos un época de cambios”, donde el conocimiento y la información revolucionan vertiginosamente, obligando al liderazgo a marchar de a saltos, para mantenerse actualizado sobre el curso de los acontecimientos que se suceden, como parpadeos de ojos al Sol.
Los cambios ocurren a tan alta velocidad, que la actualización requiere estar atentos ya no a la dirección del viento, ni al eco de los sonidos, sino al quehacer demandante de una sociedad cada vez más informadas y por lo tanto más exigentes de respuestas lógicas y a tiempo.
La ruptura con los viejos paradigmas, ha venido a redefinir el quehacer del liderazgo político, que tiene que lidiar con realidades perturbadas por la innovación constante y ascendente de los fenómenos de toda índole.
El liderazgo político de hoy para ser relevante, necesita tener capacidad de movilidad, creatividad, pero sobre todo de asertividad y conectividad con los más diversos espacios que gravitan en una sociedad que por fuerza de la realidad es cada vez más horizontal.
El líder político de la actualidad tiene que resultar creíble y para ello deberá tomar en cuenta hasta su lenguaje corporal y tiene necesariamente que desarrollar habilidades para cautivar a sus interlocutores de manera que sus palabras se conviertan en imágenes en el cerebro de quienes les escuchen. Solo así, podrá ser generador de esperanzas para una sociedad cada vez más incrédula, arisca y desconfiada.
En la sociedad de hoy para convertir a un dirigente en líder político, se requiere de tener la capacidad para convencer a las masas, de que es poseedor de las herramientas idóneas para encarar con éxito los constantes desafíos a que se está expuesto en una época de cambios.
Valores como la honestidad, la transparencia, la credibilidad, la empatía y la discreción para guardar confidencias, resultan esenciales para que un dirigente regular pase a ser excepcional.
En resumen el liderazgo que demandan las organizaciones y la sociedad de hoy tiene que ser horizontal, flexible, asertivo, conectado y actualizado lo que equivale a decir fresco y refrescante.


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