El debate político debe mantener una altura y un decoro, que sirva de ejemplo al pueblo dominicano. El enfrentamiento de ideas no puede degenerar en una batalla en medio de un campo de estiércol, donde todos salgan embarrados de materia fecal.
Las ideas tienen que ser combatidas con ideas. Cuando se pierde el don de la convicción, lo mejor es callar. Si el fango pestilente es lo que lanzamos, y no la elaboración de lo que deben ser principios, entonces la política dominicana debería ser cerrado, por ser un hoyo de inmundicias.
No es explotar los deseos de morbo de una multitud acorada por la desesperación de su miseria existencial, es poder debatir ideas propias y acciones de los contrarios. En esta temporada muerta de la campaña electoral próxima, estamos en un lago de putrefacción que ahoga y asfixia.
Creo inaceptable que el debate sea dirigido a sacar trapos sucios, como lo propuso Hipólito Mejía. Si un líder partidista tiene compromisos con la justicia, lo correcto sería acumular pruebas y someterlo a los tribunales. Pero sacar podredumbres llevando la confrontación a chismes de comadres de barrio marginado, es una ofensa a la democracia.
Hipólito, en su calidad de expresidente de la República, y uno de los principales dirigentes de la oposición, tiene la obligación de actuar con exposiciones claras, tajantes, en el marco del debate democrático. Solo eso, elevar sus pronunciamientos y sacarlos del estiércol. Ahora, en el plano del acontecer nacional, Hipólito plantea una variante que es necesario analizar.
Siendo un líder de oposición se presume que su principal contendor tiene que ser el jefe del ejecutivo que posiblemente busque la reelección. Llevar su punta de combate contra un precandidato presidencial que además es contradictor de medidas del oficialismo, es favorecer a quien debe ser su enemigo circunstancial.
Hipólito se distancia de la oposición, y del otro máximo dirigente del Partido Revolucionario Moderno, Luis Abinader. Se habla del retorno de Hipo al Partido Revolucionario Dominicano, y de acercamientos al gobierno o a un segmento del Partido de la Liberación Dominicana.
Es una pelota caliente. Empero las últimas acciones de Hipólito lo llevan a ser un aliado ocasional del gobierno, antes que un militante de la oposición. Tiene su derecho a empujar su cargo por donde quiera y le convenga, pero eso sí, debe mantener el debate con altura y no echar las ideas a un zafacón lleno de inmundicias.
Esta es una guerra sin mediadores, por lo que cada cual debe poner sus barajas sobre la mesa. Que la conciencia de cada cual le dicte hasta donde se puede echar excrementos sobre el accionar político. Lo responsable es que cada cual defienda sus posiciones y comprendan que la única forma de enfrentar el pensamiento de los otros, es con la fortaleza de nuestras ideas. ¡Ay!, se me acabó la tinta.

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