POR RAMON URBAEZ
Siempre debe reservarse un espacio para una salida inteligente.
Es de sabios saber recoger las palabras cuando han sido hirientes y han desbordado el necesario sentido de la prudencia, actitud que no constituye en modo alguno un acto timorato o de desvergüenza; por contrario: es de absoluta entereza por aquello de que «lo cortés no quita lo valiente».
El refranero español, con su proverbial sabiduría, nos ha regalado la frase «es mejor un mal arreglo que un buen pleito», queriéndonos enseñar que en términos prácticos conviene llegar a un acuerdo, aunque no sea muy ventajoso, y evitar los pleitos por ser bastante costosos y de resultados inciertos.
En materia jurídica este proverbio ha sido muy socorrido por la verdad que encierra, y eso se debe a que cuando hablamos de un buen pleito nos referimos generalmente a un conflicto que ha llegado o va a llegar a instancias judiciales, o sea: el litigio, que es el método tradicionalmente usado en el cual un tercero llamado Juez resuelve el conflicto
Al parecer guiado por ese sabio consejo, la Suprema Corte de Justicia recomendó hace cierto tiempo al senador por la provincia Peravia, Wilton Guer
Como se recordará, Guerrero acusó a Mejía de haber viajado a Sinaloa, Mexico, en un avión tripulado por el piloto del afamado jefe del poderoso cartel de Sinaloa, Joaquín -Chapo- Guzmán Loera, junto a otro hombre de la íntima confianza del gran capo mexicano.
En su exhortación, el alto tribunal (SCJ), razonó que «llegado cierto momento en los litigios lo conveniente es hacer un “desagravio, que eso no le hace ninguno de los involucrados mayor ni menor, sino más honorable y sensato”.
La misma fórmula de avenencia, según el parecer de muchos, podría aplicarse con carácter razonable al caso de la demanda por difamación incoada por el secretario administrativo de la Presidencia, José Ramón Peralta, contra el empresario agropecuario y dirigente del PRM, Leonardo Faña Batista.
Por lo visto hasta ahora en el proceso judicial Peralta-Fañas, es evidente que el “desagravio” tendría que provenir de parte de Fañas hacia Peralta y su familia, cuyo honor y honra personal han sido mancillados por una acusación que no se ha podido porbar en los tribunales.
Ojalá prime finalmente la cordura, y si que Leonardo entra en razones y se anima a retractarse, José Ramón tenga la nobleza de aceptarlo.
JPM


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