Poner fin a la pobreza en todas sus manifestaciones es una aspiración de toda sociedad organizada. Por lo menos que a corto, mediano o largo plazo eso se convierta en realidad. Se podría afirmar que es un clamor unánime a nivel mundial, aunque a simple vista lo consideremos una utopía.
Toneladas de papel y tinta se han gastado en redactar y difundir acuerdos, alianzas, convenios, tratados, pactos, compromisos, o cualquier otra denominación que se le quiera dar y que –según sus responsables- tienen como único objetivo reducir los niveles de pobreza en determinados conglomerados de población. Y son tan osados que hasta se proponen erradicarla.
Pero la pobreza, en el sentido más amplio de la palabra, es un mal difícil de erradicar. Ha estado presente en todos los tiempos, y en todas las sociedades. La mayoría de los países en el mundo acarrean males ancestrales en lo que se refiere a alimentación, educación, salud, techo seguro, seguridad social, diversión, planes de pensiones, etc.
Mucho más grave aún cuando pasan o han pasado por situaciones de guerras, epidemias, desastres por sismos, huracanes y otros.
Quiérase o no, los políticos en sentido general tienen en la pobreza un recurso a explotar siempre a su favor, y con mucho mayor profusión en los llamados países tercermundistas, en especial en tiempos electoreros.
Pobres no solo hay en el aspecto económico, con carencia de alimentos y otras necesidades materiales. Hoy día, un tema que genera amplios debates es el que tiene que ver con la desintegración familiar que, en lo que concierne a nuestro país, va umbilicalmente unido a situaciones de pobreza. Ello conlleva aparejado delincuencia, corrupción, adicción a las drogas, desempleo, analfabetismo, deserción escolar, violencia de género, con todo y su etc.
Gobiernos y organismos internacionales pregonan que entre sus principales preocupaciones está reducir la pobreza, al menos hasta donde alcancen sus limitaciones. Y hasta divulgan cifras de logros alcanzados en ese aspecto. Pero salvo algunos progresos, hasta en las naciones más desarrolladas del mundo los pobres tienden a ser cada vez más.
La población actual en el mundo supera los 7 mil 569 millones de personas, de las que más de 700 millones viven en pobreza extrema. Y esta sola condición es un gran aliado para que las carencias se multipliquen a nivel global.
República Dominicana, con una población de 10,8 millones de personas, no escapa de esta situación. Cifras oficiales dan cuenta que alrededor de 3 millones de personas en este país, el 30,5%, se encuentran bajo el umbral de la pobreza. Y en lo que se refiere a pobreza extrema, la sufren aproximadamente 680 mil personas, dato que puede ser muy conservador.
La puesta en boga de agendas para el desarrollo sostenible ha venido a sustituir el tan manoseado clisé de países en vías de desarrollo, que era la calificación que se les daba a las naciones con altos porcentajes de familias viviendo por debajo del índice de pobreza, o lo que es lo mismo decir pobreza extrema.
En definitiva, los afanes en el mundo por reducir y/o erradicar situaciones de pobreza van a seguir, contra viento y marea. Pero por más que se haga, pobres habrá hasta el fin de los días.

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acabar con la pobreza es hablar babosada pero siempre siempre se puede hacer algo mas de los k se esta haciendo en el mundo.
Si los gobiernos robaran menos y hicieran mas por los pobres, puede que se disminuya. Pero, mientras haya un grupito que se robe todo, siempre habra pobres por pi pa.