Padre de Sánchez condenado por los haitianos (2 de 2)

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EL AUTOR es abogado. Reside en Santo Domingo.

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Las pruebas del coraje patriótico de don Narciso Sánchez arrancaron  con sus manifestaciones de repudio a la ocupación armada haitiana del suelo dominicano desde el mismo momento en que esta se produjo, el 9 de febrero de 1822, (lo que provocó la condena de que fue víctima el 15 de octubre de 1823, indicada en la entrega anterior) hasta la salida de esos intrusos del territorio nacional en febrero de 1844.

Lo anterior quedó firme cuando 22 años después, en la media noche del 27 de febrero de 1844, se produjo en la Puerta del Conde el grito de libertad, y entre los patriotas dominicanos allí reunidos estaba él, junto con su hijo Francisco del Rosario Sánchez, Ramón Matías Mella, Andrés Sánchez, Remigio del Castillo, Vicente Celestino Duarte, Fernando Serra, los hermanos Manuel y Wenceslao Guerrero.

Junto a ellos también se encontraban en ese histórico baluarte, en el referido momento, los señores José Llavería, Félix María del Monte, Justiniano Bobea, José Antonio Sanabia, José Ramón Ortiz, Mariano Echavarría, Joaquín Gómez, Eusebio Gatón, Antonio Moreno, los hermanos Tomás y Jacinto de la Concha, Benito González, Juan Mazara, José Sabá y diversos independentistas dispuestos a ofrendar sus vidas por la soberanía nacional.

Seño Narcisazo (como le apodaban) y otros también le respondieron al general Henri Etiene Desgrote, el 28 de febrero del referido año 1844, porque este en su condición espuria de comandante “de la plaza y común de Santo Domingo” ese mismo día había reclamado explicaciones a los patriotas dominicanos que la víspera se habían sublevado. (Documento No. 3 del bloque de leyes, decretos y resoluciones de 1844).

El papel en la historia dominicana de don Narciso Sánchez adquiere más valor si se observa en su parábola vital que a lo que se dedicó originalmente fue a trabajos de dirección como empleado de otros en hatos ganaderos del este del país; así como a la venta de carne de res en un pequeño negocio de su propiedad y al fomento de algunos bovinos en una pequeña parcela rústica que le regaló un amigo en la zona de Los Alcarrizos.

Esa modestia económica, con su consecuente ubicación en la escala social de su época, no le impidió, junto a su esposa doña Olaya del Rosario de Belén, educar a sus hijos y hacerse un nombre en el ámbito de nuestro pasado. Narciso Sánchez encaja de algún modo en la teoría que en el siglo XIX desarrolló el filósofo, historiador y ensayista escocés Thomas Carlyle, quien importantizó el papel que en la fragua de la historia juegan personajes excepcionales.

Poco tiempo después de la condena mencionada arriba (1823) contra Narciso Sánchez, y otros valientes dominicanos, se produjeron muchas otras decisiones seudolegales, siendo una de las más famosas la que se derivó del frustrado alzamiento llamado la Revolución de los Alcarrizos, el cual no prosperó por una de las típicas traiciones de esas que siempre han existido a lo largo del tiempo.

La que iba a ser una asonada con timbre patriótico (que en parte debió ser inspirada por el antecedente de Seño Narcisazo) fue aplastada rápidamente, el 24 de febrero de 1824, por la ira implacable de cientos de tropas del regimiento haitiano número 12 dirigido por el general Jéróme Maximilien Borgella, jefe del gobierno de ocupación, quien ordenó fusilar a Baltazar Nova y decenas de otros patriotas.

Otra consecuencia que tuvo aquel episodio histórico se produjo el 8 de marzo del citado 1824 cuando fueron condenados a muerte por un tribunal de paniaguados Lázaro Núñez, Facundo Medina, Juan Jiménez y José María Altagracia.

Además, fueron condenados: “El presbítero Pedro González, lo mismo que Ignacio Suárez, José Ramón Cabral y José Figueredo, a la pena de cinco años de prisión donde el gobierno lo tuviera por conveniente…José María González, Sebastián Sánchez, José María González, Manuel Gil, José María Pérez y Esteban Moscoso, a dos años de prisión…” (Obras completas, Editora Amigo del Hogar, 2016.Volumen I. P.363. José Gabriel García).

En resumen, Narciso Sánchez, sin importar las mezquindades habituales, ocupa por derecho propio un lugar destacado en los hechos del pasado, los mismos que desde el 27 de febrero de 1844 nos permiten ser un país libre, aunque con más de un eclipse o ensombrecimiento de nuestra libertad.

OF-AM

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