La crisis de Haití es una lanza clavada en el corazón de la seguridad de nuestra isla. Las bandas armadas aterrorizan a comunidades, desplazan familias y debilitan las instituciones haitianas.
Ese conflicto empuja millones de haitianos a la RD, suple de armas de guerra a las pandillas locales, saturan de drogas nuestras calles, por eso, RD no puede mirar esa tragedia con indiferencia. Ni continuar solo demandando ante la comunidad internacional.
Durante años hemos llevado nuestra preocupación a las Naciones Unidas. Debemos seguir haciéndolo, pero las decisiones internacionales deben traducirse en recursos, personal y resultados.
El pasado 23 de septiembre, el presidente Luis Abinader pidió ante la ONU completar el despliegue de la Fuerza de Supresión de Bandas, aportar los recursos pendientes, hacer cumplir el embargo de armas y fortalecer las instituciones haitianas. Esa exigencia merece seguimiento.
La pregunta ya no es si debemos acudir a la ONU. La pregunta es cómo lograr que las acciones aprobadas se cumplan. El Consejo de Seguridad autorizó la Fuerza de Supresión de Bandas para actuar en coordinación con las autoridades haitianas. Se trata de una fuerza internacional respaldada por una oficina de apoyo de Naciones Unidas.

Propuesta
También debemos discutir con seriedad cuál debe ser el papel dominicano. Nuestro Gobierno ha informado que su cooperación actual es logística y humanitaria, sin participación directa en operaciones contra las bandas dentro de Haití.
Pero si la respuesta internacional continúa siendo insuficiente y la crisis continúa, los riesgos para nuestro país, la República Dominicana tendría que evaluar todas sus opciones de seguridad, incluida la posibilidad de participar en la operación militar internacional dentro de Haití.
Esa posibilidad representaría un cambio de gran alcance y exigiría una decisión expresa del Estado dominicano, coordinación con las autoridades haitianas y los países participantes, un mandato claro, objetivos verificables. Pero debemos estar dispuestos a proteger el interés nacional militarmente, nuestras FFAA no están solo para defiles.
Mientras tanto, debemos fortalecer la vigilancia fronteriza, combatir el tráfico ilícito de armas y drogas y preparar nuestras instituciones para responder a las amenazas que ya vienen cruzando la frontera. Estas medidas requieren acciones y resultados propios, además de nuestra exigencia de una respuesta internacional eficaz.
El pueblo haitiano es la primera víctima de las bandas. El objetivo debe ser desarticular esas organizaciones y devolver a sus comunidades la posibilidad de vivir, trabajar y decidir su futuro sin terror. Y que sus ciudadanos que hoy invaden la RD puedan regresar a sus hogares.
No basta con aprobar resoluciones. Hay que cumplirlas. Cada paso debe acercar la paz a Haití y proteger la seguridad de la República Dominicana.

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