Las enfermedades discapacitantes destruyen la vida productiva, social y sobre todo, la familiar. La tensión que genera para el enfermo y para su entorno el mal que le roba la posibilidad de valerse por sí mismo, acaba en tantas ocasiones por destruir el núcleo que debe sostenerle.
Lacera la relación esa falta de herramientas para enfrentar una situación repentina como un accidente cerebovascular, una parálisis, trastornos mentales severos y esa recua de padecimientos dolorosos. El factor emocional es cardinal, el agobio y hasta la agresividad afloran, como salida equivocada al estrés.
Cuidar es atrofiante cuando no hay soportes adecuados, conocimiento del mal para enfrentarlo, orientación, apoyo del resto de la parentela, de la comunidad y del Estado. Sin orientación que permita vadear ese río y que hace al cuidador ir a contracorriente.
Nadie repara en esa persona que ha centrado su existencia a velar porque el enfermo esté bien “dentro de su cuadro”, que le alimenta, que le asea.
Es común que esto sea visto como un deber, el de esa persona de forma exclusiva, mientras los demás apenas visitan y encima critican y opinan sobre lo que entienden debe ser el modo correcto de atender.
El Estado, o más claro, sus manejadores, los gobernantes, tan descuidados, tan indiferentes con estos temas, no solo no cuenta con redes de acompañamiento, no tiene especialistas suficientes y acudir a un establecimiento de salud pública es pasar todas las penurias del universo, cuando a veces ni para el pasaje hay.
La parte económica juega a incidir con más fuerza y es causante de reacciones crueles, inesperadas. Enfrentar una situación de esa magnitud sin los recursos, sin el dinero que requiere, desata un pandemonio que lastima sobremanera al afectado, al que le son echados en cara los infortunios que ha traído.
Entonces si encima de cuidar, la persona que está allí, al lado del paciente para asistirle, tiene a su cargo suplir medicamentos y alimentos, en muchos casos especiales, caros y no recibe ayuda, esas fuerzas, menguan, bajan y es como un cóctel maldito que destruye las vísceras y sobre todo, el alma.

Trump elige a Susie Wiles como jefa del gabinete en Casa Blanca
Abinader entrega muelles en Río San Juan y Cabrera para la pesca
Primer Ministro Haití seguirá en Puerto Rico, su futuro es incierto
Fraude a Senasa marcó semana informativa en Dominicana
Polvo del Sahara mantiene este sábado ambiente caluroso RD
Casa Blanca impide periodistas de CNN subir al Air Force One
Abinader regresa a RD y retoma su agenda oficial este sábado
México defiende ante ONU su soberanía y lucha contra crimen
OEA pide sea desplegada ya la fuerza «antipandillas» en Haití
Guterres: «La amenaza de una catástrofe nuclear ha vuelto»
Dólar se mantiene cerca de RD$60 este fin de semana
Pruebas acorralan a imputados de Cobra 2.0-A, según Camacho
Haití pide ante ONU apoyo y pasar de asistencia a la inversión

