A los estudiantes de las escuelas de periodismo y a periodistas en ejercicio no les queda claro hacia cual dirección arrastran los vientos al ejercicio profesional, que navega por un mar incierto llevando a remolque un presente ladeado por la incertidumbre.
En el ejercicio del periodismo coinciden varias generaciones, que ahora se identifican como “Baby boomer”, “generación X” “millenial”, “Z” o “Centennial” y “Alfa”. Las tres últimas se catalogan como nativos digitales, que en términos profesionales no lidiaron con máquinas de escribir mecánicas ni con teletipos.
Un añejo comunicador que aún recuerda a su vieja “Olimpia”, puede coincidir en escritorios contiguo con el colega millenial o Z, que piensa, habla y escribe en idioma digital, con quien aprende a convivir en el “Meta verso”, en tanto que abreva en el caudal de vivencias de ese Baby Boomer.
La prensa y el periodismo, cada uno por su lado, experimentan acelerado proceso de cambios impulsados por la Cuarta Revolución Industrial o la fusión del mundo físico, digital y biológico, a través de internet de las cosas, Big Data Inteligencia Artificial, y robótica avanzada, lo cual signa un presente disruptivo y un futuro algo incierto.
Los periodistas y la prensa tradicional recorren un mismo camino basado en el cultivo y promoción de la ética y la confianza ante sus lectores, oyentes o cibernautas, pero toman caminos paralelos cuando se trata de papel y tinta, trayecto en el cual los dueños de periódicos impresos tendrán que evaluar posibilidades de sobrevivencia.
Philip Meyer, editor de The Vanishing Newspaper vaticinó hace 22 años, que en 2043, circularía el último periódico impreso, por el encarecimiento de la impresión y distribución, además de la migración de la publicidad hacia Google o Meta.
Otros teóricos menos pesarosos, como Roger Fidler, creen que los medios impresos sobrevivirán, pero solo como productos destinados a elites económicas, políticas y académicas, con circulación limitada a fines de semanas y material basados en artículos de profundidad, pero Manuel Castells, cree que el diario sobrevive si se convierte en marca de credibilidad.
La verdad histórica ha sido que la radio no mató al periódico impreso, la TV no mató a la radio, por lo que puede decirse que el papel no muere sino que, como los demás medios de comunicación, está obligado a transformarse, creo que para convertirse en un artículo premium de fin de semana, como la ha señalado Jeff Jarvis.
El periodismo ético sobrevivirá por igual en los medios tradicionales, como en el ciberespacio, aunque los periodistas requieren intenso entrenamiento para adecuarse a los nuevos tiempos, sin renunciar jamás a su deontología profesional sustentada en la búsqueda incesante de la verdad con absoluta independencia.
jpm-am


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