Geopolítica obliga Trump cruzar líneas rojas derecho internacional
Tras los acontecimientos ocurridos en Venezuela el 3 de enero de este nuevo año, donde una unidad especial del Ejército de los Estados Unidos irrumpió sorpresivamente y arrestó no solo al presidente Nicolás Maduro, sino también a su esposa, dejando un rastro de muertes de civiles y militares, incluyendo 32 miembros del ejército y la inteligencia cubana que servían de escoltas al líder bolivariano.
Actualmente, Maduro se encuentra en prisión preventiva en una cárcel federal del estado de Nueva York, acusado de varios delitos graves, entre ellos: terrorismo, narcotráfico y uso de armas automáticas, y su próxima audiencia está programada para el 17 de marzo.
Pero el meollo de la situación ahora es: ¿cuál será el futuro inmediato, a mediano y largo plazo de la República Bolivariana de Venezuela en el orden político e institucional, ya que el presidente estadounidense Donald Trump anunció que él se haría cargo del país, y no la mayoría de la oposición liderada por la ganadora del Premio Nobel de la Paz 2025, María Corina Machado, quien se encuentra haciendo lobby en Washington, y el ex diplomático y ex candidato presidencial Edmundo González Urrutia, tras las cuestionadas elecciones presidenciales de 2024?
Cuando parte del mundo se despertó con la noticia del arresto del presidente Maduro y su traslado inmediato fuera del país, en muchos países, especialmente aquellos con una comunidad de exiliados venezolanos, comenzaron las celebraciones. Sin embargo, esta alegría duró poco, como la felicidad en casa de un pobre… hasta las 11:30 a.m. de ese mismo día, cuando Trump anunció en una conferencia de prensa sus intenciones inmediatas para el país, dejando muchas interrogantes en el mundo político y empresarial, especialmente entre los líderes políticos mundiales.

“Estados Unidos seguirá a cargo del país, y María Corina Machado queda fuera de la ecuación en el diálogo y la posible transición de poder, ya que no se considera que sea la persona que goce del respeto y el liderazgo necesarios para ello”. Estas fueron las palabras exactas del presidente Trump. Posteriormente, se acordó trabajar con los remanentes del gobierno de Maduro, representados por la vicepresidenta Delcy Rodríguez, quien ya ha jurado como presidenta interina con el consentimiento de Washington. Esta es una oportunidad oportuna para que la oposición venezolana, así como los líderes retóricos y románticos de los países del Tercer Mundo, e incluso los de la Unión Europea, comprendan que lo que está sucediendo no es una lucha por los derechos y libertades públicas en el país hermano sudamericano, lo cual es importante, sino más bien el resurgimiento y el reposicionamiento del imperialismo estadounidense en el mundo y, especialmente, en el hemisferio continental.
Deben ser conscientes de que Estados Unidos, tras su desventaja en la guerra comercial con la China de Xi Jinping y debido a la amenaza militar de Rusia y la ambición expansionista de su presidente Vladimir Putin, no tiene otra opción que recurrir al uso de la fuerza para mantener el imperio y el respeto que disminuyó durante las administraciones demócratas de Obama y Biden, independientemente de que tengan que cruzar varias líneas rojas del Derecho Internacional, la Carta de las Naciones Unidas, la Organización de los Estados Americanos (OEA), la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) y cualquier otro organismo internacional que sea necesario para reafirmar su poder hegemónico, incluido el uso de su mejor baza: la fuerza militar.
Esto explica el regreso y el renovado interés de la política exterior estadounidense en América Latina después del desplazamiento de China como principal socio comercial de casi toda América Latina y el Caribe. Por eso quieren recuperar el control del Canal de Panamá y ahora Groenlandia en el Océano Índico, una situación que enfrenta a la Unión Europea y la OTAN con su principal aliado, ya que Dinamarca gobierna esa isla y Trump quiere anexionarla a Estados Unidos por razones de seguridad nacional, y lo hará. Que nadie lo dude.
Lo que está en juego aquí es que las potencias nucleares se han posicionado de maneras que amenazan la hegemonía estadounidense y exigen un nuevo orden internacional con la caída del dólar y un nuevo mapa geopolítico condicionado por las reservas energéticas mundiales de petróleo y elementos de tierras raras. En estas circunstancias especiales, Venezuela entró en el escenario geopolítico y estratégico. Esta es la explicación que muchos analistas evitan en sus análisis.
China y Rusia, con sus socios emergentes, aspiran a un lugar de privilegio en la toma de las principales decisiones globales, que hasta ahora han estado exclusivamente en manos de Estados Unidos.

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