En las elecciones pasadas, el candidato del Partido de la Liberación Dominicana (PLD) Gonzalo Castillo, obtuvo 1,537,041 votos, es decir, un 37.46% para quedarse con la segunda posición detrás del candidato del PRM Luis Abinader, quien obtuvo 2,154,876 votos, para un 52.52%.
Es claro que después de la división del colectivo morado, con la escisión de su ex presidente Leonel Fernández, el decrecimiento que se inició en esa organización política no se detuvo el 05 de julio del 2020, sino que pasadas las elecciones, se produjo un éxodo importante del partido fundado por el profesor Bosch, que fue a parar en gran medida al nuevo partido.
Lo que queda clarísimo es que ya ese colectivo no cuenta ni remotamente con su base electoral de los últimos 16 años, ni de ese 37.46% que obtuvo en las pasadas elecciones, por lo que sus posibilidades reales se ven muy poco claras para recuperar el poder en las elecciones de mayo próximo.
Por otro lado, el nuevo partido (La Fuerza del Pueblo), liderado por el Sr. Leonel Fernández, se inauguró con 365,239 votos (con todos los aliados), que en términos porcentuales estamos hablando de un 8.90% del total de los votos válidos.
En su caso, también es claro que ese 8.90% no es ya el porcentaje que actualmente tiene ese proyecto político, pues no está en discusión, que el Sr. Leonel Fernández, pese a su relativa alta de rechazo en el electorado, logró recuperar parte de su antiguo posicionamiento.
Así las cosas, no son pocos los que opinan, que para enfrentar con éxito al Sr. Luis Abinader, al PRM y a los 16 partidos que lo apoyan, ambos colectivos (el partido viejo y el nuevo), deberían pactar e ir con el candidato que mejor posicionado esté para intentar derrotar la maquinaria del PRM y aliados.
El problema que ello acarrearía, es que terminaría polarizando las elecciones inevitablemente, y eso podría beneficiar más al que está en el gobierno que a la propia oposición, pues en un escenario polarizado, el PRM sabe que no cuenta con los electores que conforman su tasa de rechazo y los aliados que hoy apoyan la oposición, pero en el caso de la oposición, se trataría dos tasas de rechazo: La que acusa directamente la figura del ex presidente Leonel Fernández, y la que se agenció la marca PLD.
Polarizar las elecciones implica, generalmente, que los electores terminen votando por la menos mala de las dos opciones con posibilidades reales de ganar. En ese escenario, los independientes (que son de un 12 a un 15% de los electores), tendrían una situación similar a la que enfrentaron en el año 2020, es decir, votar para que se quede el que está, o votar para que los que estaban regresen.
Si es correcto (condicional) que son los independientes (sectores medios) los que producen la mayor parte de la tasa de rechazo dentro de las tasas de rechazo de Leonel Fernández y la marca PLD combinadas, es claro que más votos independientes irían a parar más a la reelección que a la oposición, y eso sería mortal para las aspiraciones de ésta última.


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