Un presidente, de la mayor potencia del mundo, que se atreva a decir que lo único que rige su conducta y decisiones políticas es su criterio o convicción personal, representa un peligro no solo para su país sino también para el mundo, por los alcances de sus acciones y antecedentes delictivos que lo han hecho merecedor de varias condenas judiciales pendientes de ejecutarse.
Su arrogancia y violento carácter lo han llevado a pisotear normas internacionales de convivencia pacífica y soberanía que rayan en lo absurdo, y a lo interno de esa gran nación, a cometer abusos crueles e injustificables no solo contra los inmigrantes, sino también contra los propios norteamericanos que se atrevan a disentir de su política del garrote.
Bajo el alegato de que los federales están por encima de todas las autoridades del país, ha utilizado a los militares como rabiosos perros de presa que agreden y desconsideran, sin miramiento, a todo tipo de persona que parezca inmigrante, creando una situación de tensión e intolerancia que da pie a crímenes como el que se cometió contra una norteamericana en Minnesota.

Resulta penoso ver los derroteros por los que está conduciendo este emperador y su corte de vasallos, a una nación digna de mejor suerte.
Venezuela
La complejidad de la situación política de Venezuela, por todas las implicaciones que conlleva, es más difícil de lo que aparenta y en lo inmediato tiene al mundo atento al devenir de los acontecimientos que sucederán productos de una acción unilateral de los EE.UU. que rompe con todos los esquemas contemplados en el orden mundial, que establece la autodeterminación y soberanía de los pueblos del mundo.
Ese orden mundial ha venido sufriendo golpes con la invasión de Rusia a Ucrania, el genocidio de Israel contra Palestina, las amenazas de China contra Taiwán y ahora con la incursión militar de EE.UU. en Venezuela y secuestro de su presidente, el dictador Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores, quienes están acusados de conspiración para narcoterrorismo y otros delitos en un tribunal de Manhattan.
La acción militar del presidente Donald Trump está plagada de violaciones legales a lo interno de su nación y a principios y normas internacionales, lo que saldrá a relucir en el juicio a retomarse el 17 de marzo venidero cuando tendrá que probar sus acusaciones contra Maduro y esposa.
Mientras tanto, alardea de tomar el control de Venezuela y su riqueza petrolera ante el silencio cómplice e inoperancia de la ONU, la OEA y otras instituciones similares
.jpm-am


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