El primer cargo diplomático del doctor Joaquín Balaguer en la Era de Trujillo, fue secretario de la Legación Dominicana en Madrid, España. Mientras el ministro Plenipotenciario era Elías Brache, un dinámico activista político que perteneció a los “bolos” de Juan Isidro Jiménez, luego a los “coludos” de Horacio Vásquez hasta convertirse en fiel seguidor del general Rafael Leónidas Trujillo. A mediados del año 1934, previa autorización de Trujillo, el joven Balaguer fue transferido con el mismo cargo a París, donde el doctor Francisco Henríquez y Carvajal era ministro Plenipotenciario, y secretario el doctor Porfirio Dominici. Entre los dos altos diplomáticos existían marcadas desavenencias personales que afectaban la tranquilidad espiritual de Balaguer, que meses después gestionó y logró su retorno a la embajada en Madrid. El nuevo jefe de la misión en España era Osvaldo Bazil, poeta esmerado y hombre inteligente y cordial, considerado el máximo exponente del modernismo. Su inteligencia y capacidad literaria era de tal magnitud que llegó a ser secretario particular del legendario vate nicaragüense Rubén Darío. Ambos constituyeron un auténtico dúo, fieles intérpretes del dios Baco y de la bohemia más desenfrenada. Oportuno es consignar que la afición excesiva al alcohol del poeta nativo no lo privó nunca de la gallardía como lució siempre su uniforme diplomático, ni de la elegancia natural que le permitió moverse como una persona de elevada intelectualidad en los salones del gran mundo. Bazil casó con Leonor Otamendi, bella dama cubana que recitaba sus poemas con verdadera pasión. En ocasiones frecuentes la compañera del poeta dominicano debía permanecer durante semanas en la habitación de ambos, para entregarse junto a él a los excesos alcohólicos. Cuando reaparecía en sus oficinas, después de esas largas orgías, el poeta justificaba su proceder alegando que su hermano y amigo Rubén Darío hacía regularmente las mismas hazañas. Mientras el jefe de la misión en España se deleitaba en sus “jocheos”, Balaguer proseguía sus estudios superiores en la extensión de la Universidad Central, ubicada en la calle San Bernardo, a pocas cuadras de las oficinas dominicanas en Madrid. Meses antes de concluir su estancia en España Balaguer escribió el libro “Trujillo y su obra”, donde resalta principios y valores del político santiagués, licenciado Rafael Estrella Ureña. Don Osvaldo, que accedió escribir el prólogo de la obra, también hizo una apología sobre el reputado orador, lo que provocó un maremoto en la Cancillería Dominicana. Enterado el poeta y diplomático de la álgida situación que había provocado el prefacio de la obra de Balaguer, se apresuró en dirigir a Trujillo un telegrama con el texto: “Jefe, escribí prólogo mas no leí libro”.
Trujillo y el prologuista que nunca leyó el libro que ponderaba
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