Sólo para sancristoberos: Milito, Nano y Neit

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Neit Nivar Seijas

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Al enterarse del fallecimiento en la presente semana del ex sindico municipal Máximo Vizcaíno Pérez (Milito), algunos sancristobalenses han preguntado por qué solo desempeñó esas funciones por dos años, específicamente de 1968 a 1970.

La razón es muy clara: al principio del gobierno del Presidente Joaquín Balaguer la ley vigente establecía en solo dos años el ejercicio de las autoridades municipales. (Fue tiempo después cuando se fijó en cuatro años la vigencia de los síndicos o alcaldes).

En esas circunstancias, en el régimen balaguerista que se prolongó de 1966 a 1978, Guaroa Rodríguez Puello fue el primer síndico de San Cristóbal, por solo dos años (1966-1968).

El autor es periodista.

En las elecciones exclusivamente municipales de 1968, el Partido Reformista –de Balaguer- postuló como candidato a síndico (así se denominaba al ejecutivo) a Máximo Vizcaíno Pérez, uno de los fundadores en San Cristóbal de esa organización.

Milito Vizcaíno, entonces un  pequeño comerciante detallista radicado en la calle Bernardo Aliés esquina Capotillo, había sido de los primeros profesores del Instituto Politécnico Loyola al momento de su fundación en 1952.

Fue un alcalde activo que se hizo sentir en la población con pequeñas acciones que guardaban relación con la pobreza económica de los ayuntamientos de la época, que para trabajos de importancia necesitaban subsidios extraordinarios del gobierno central.

En su administración el cabildo  apadrinó la distribución de solares en terrenos que pertenecieron a la hacienda Fundación en la zona Sur de San Cristóbal y así se dio fuerza al barrio Lavapiés.

Vizcaíno Pérez -casado con Yolanda Martínez Sánchez (hija de los maestros Generoso Martínez y Teresa Sánchez y hermana de Adán, Plinio y Leonel Martínez, entre otros, todos de Sainaguá) fue un síndico honesto a quien nunca se le atribuyeron actos de corrupción.

UNA ANÉCDOTA

Con respecto a Milito Vizcaíno recuerdo una colorida anécdota de mi etapa como corresponsal periodístico en San Cristóbal, que se inició al final de 1965 –tras la llamada revolución constitucionalista-  hasta 1969, en que fui llamado para laborar como reportero del diario El Caribe en la Capital.

Adriano Uribe Silva

En 1968, supongo que a principio del año, se efectuaba en el denominado “salón de caoba y espejos” del hotel San Cristóbal la convención del Partido Reformista. Los aspirantes a la nominación eran dos: Delfín Geovanny Medrano Ruíz (Yova) y Máximo Vizcaíno Pérez (Milito).

Al frente de la convención estaba el recio senador Adriano Uribe Silva (Nano), presidente del directorio provincial del Partido Reformista, trajeado según su costumbre.

El humilde corresponsal, con solo 19 años de edad, observaba todo situado  estratégicamente a corta distancia de la mesa presidencial.

En medio del ambiente de efervescencia propio de estos eventos, le tocó hablar a quienes iban a presentar los candidatos.

De improviso, sin que nadie lo esperara, el militante reformista que debía motivar la candidatura de Medrano Ruíz, quien era un inquieto joven de nombre Bulún de la Rosa Nina, en una decisión de último minuto sorprendió a la concurrencia, dio un viraje e hizo la ponderación de Vizcaíno Pérez, dando jaque mate a las aspiraciones del primero.

Cuando culminó la votación, Milito superó por mucho al imberbe Yova, quien tuvo que retardar su deseo de ser síndico para 1970, cuando sí logró la postulación y la sindicatura.

NIVAR SEIJAS

Durante la convención en el abarrotado salón de baile, el coronel Neit Nivar Seijas permaneció en todo momento en el comedor del hotel a la espera de los resultados. Nativo de San Cristóbal, Nivar Seijas era una de las figuras de primer orden del régimen en el poder, visitaba la ciudad una vez por semana y controlaba muchas cosas que tuvieran que ver con el oficialismo a nivel local.

Máximo Vizcaíno Pérez

Cuando terminó la asamblea, Uribe Silva junto a otros dirigentes reformistas locales caminó hacia el cercano comedor a comunicar el veredicto a Nivar Seijas, quien parecía interesado en rodearse de una aureola que recordara a Rafael L. Trujillo Molina.

Cuando se le ofrecieron los cómputos que favorecían a Vizcaíno Pérez, el altivo militar solo manifestó, a tono de cuestionamiento: “pero a mí me dicen que él no es capacitado”.

El hábil y firme Adriano Uribe Silva (diez años presidente del Senado en el período de los doce años de Balaguer), selló el tema con estas palabras: “con el asesoramiento mío él es capacitado”.

Resumió así, con fuerza, lo que se sabía: Nano movería desde lo alto los hilos del Ayuntamiento de San Cristóbal.

josepimentelmunoz@hotmail.com

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