En República Dominicana existe una especie de desprecio y animadversión hacia las personas que durante su vida han demostrado disconformidad con las cosas mal hechas por autoridades.
Al señor Hamlet Herman Pérez no se le rindieron los honores que merecía como héroe nacional, tal vez porque nunca estuvo de acuerdo con el manejo turbio de los recursos del Estado. Si hubiese sido un bandido y/o traficante de sustancias alucinógenas, tal vez algunos delincuentes enganchados a senadores y diputados lo hubieran declarado oficialmente, héroe nacional.
Últimamente hemos caído en el tenebroso fango de la inmoralidad porque le damos más crédito e importancia a las acciones antiéticas que de ninguna manera nos edifican como grupo étnico.
Habrá que revisar de forma rigurosa el esquema de comportamiento social en que nos estamos desenvolviendo en las últimas dos décadas.
Aplaudimos y perdonamos a los cleptómanos y deshonestos porque violamos todos los estamentos jurídicos de la nación.
Así no podemos seguir viviendo; la reverencia y el culto a la deshonestidad debe ser abolida por la salvación y el bien común de nuestro país.
Debemos revisar, rescatar y asumir como nuestro, los valores morales, éticos y revolucionarios de Eugenio María de Hóstos y Juan Pablo Duarte.
Pvasquez3570@yahoo.com


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