En nuestra sociedad hay, así lo arrojan algunos estudios sociológicos, una suerte de subconsciente cultural-colectivo (quizás espejo condicionado, borroso o retorcido) que no repele ni abomina tajantemente de dos fenómenos recurrentes, que mas bien y absurdamente, han salido impunes e ilesos (así solo fuere en el imaginario –que en mayoría no ha sido tal- de la gente) a reformas constitucionales y a imperativos de administración de justicia que sancione y castigue ejemplarmente. Ambos fenómenos tienen base y sustent uno -la reelección- en el imaginario socio-cultural de la perpetuidad política-personalista y del subconsciente del peligro haitiano (1844-1857) que, en cierta forma, sedimentó e incubó el caudillismo mesiánico, tosco (casi de potrero) e ilustrado de Santana, Báez, Heureaux, Trujillo y Balaguer; y el otro (la corrupción) en el subdesarrollo socio-político de una clase política –con la excepción de los Trinitarios y de otras figuras preclaras- que primero la privilegió como fuente primaria de “acumulación” espontánea de riqueza (¡la que exhiben!), y que luego, la elevó a artículo de primera necesidad en el imaginario y modus operandi de la pequeña burguesía (y también de sectores fácticos: empresarios, militares-policías, jueces, etcétera) para finalmente hacerla histórica-estructural en una amalgama -¡de antología!- digna de antropología socio-cultural sobre vertedero y rapiña pública. Pero, ¿cuál es el estado actual de la reelección y de la corrupción? Sencill lamentablemente, ambos fenómenos-flagelos han triunfado y son exitosos, pues han sido los modelos, o substratos socio-culturales, que se han erigido como paradigmas para exorcizar pobreza y conjurar falencias ancestrales (lógicamente, en vías contrarias). Lo digo, porque quién puede distinguir, en medio de estos actos históricos de magia (toda la corrupción pública-privada y la perpetuidad política de actores políticos-jerárquicos caducos e insaciables), la honradez, lo lícito y lo bien ganado, de lo rápido, lo maloliente y putrefacto, si ya todo fue “lavado” y vivimos en un carnaval de máscaras y disfraces. Incluso, hasta yo mismo, que no tengo ni en que caerme muerto, he tenido que escuchar, o mejor dicho, aguantar, a muchos de esos actores -en magistrales cátedras- pontificar sobre doctrina, valores, principios, física quántica, quiromancía y que ocho cuánto. Lo que quiero creer No me imagino al actual Presidente Danilo Medina en ajetreos reeleccionistas, y si así sucediese, me llevaría tremenda sorpresa. Sin embargo, y en medio de estas bullas estomacales, me reafirmo en la creencia de que esta polvareda sólo tiene un objetiv cumplir con dos ritos sacro-universales del subdesarrollo metal y polític evitar que la corrupción se dispare y, de paso, la famosa “soledad del poder”. Si así fuere: que siga el circo o entierro…; pero de lo contrario, que el extinto Font Bernard (y su axioma gráfico-exhaustivo sobre la reelección) nos tome confesado. franciscocruz1959@yahoo.com
Reelección: cultura e historia
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