Recuerdos de José Joaquín Valdez

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José Joaquín Valdez (1957-2017)

Ha pasado ya cuatro años del desvanecimiento material del sancristobalense José Joaquín Valdez, ocurrido en el 2017 en la ciudad de Nueva York, y con relativa frecuencia afloran en mi memoria situaciones confirmadoras de que con su fallecimiento se perdió no solamente una de las mentes más despiertas sino especialmente uno de los individuos de mayor carisma, afabilidad y entusiasmo que he conocido.

Tanto así que tendré que considerarlo –igual que a Temístocles Metz, quien nos abandonó en 1990- como mi personaje inolvidable, título de una sección que traía hace décadas la revista Selecciones y que leía con avidez cuando niño.

Aunque nació a unos trescientos metros de mi casa, en la misma calle (hoy Manuel María Seijas y antes Restauración, en el apacible San Cristóbal de  finales de la década del 50) no lo traté de pequeño sino cuando ambos despuntábamos en la juventud, entre 1974 y 1978.

EL AUTOR es periodista.

Por esos años él era un activo practicante de judo, disciplina deportiva de moda en un segmento poblacional juvenil de San Cristóbal y tenía mucho acercamiento con mi hermano Saúl.

Entonces Saúl (Chucho, de apodo) y yo editábamos en San Cristóbal el periódico Tribuna del Sur, que vino a sustituir otro, Acontecer Sureño, y Joaquín, deportista al fin, se sintió atraído por el medio de comunicación.

Poco a poco fue estrechando amistad conmigo y se convirtió en una especie de ayudante en las labores del periódico y más que eso, en un acompañante en mis movimientos diarios.

Desde el primer momento evidenció dinamismo físico, simpatía a granel con todo el mundo y una alegría y humor fuera de serie.

Casi al caer la década del 70 se fue junto a su familia a Nueva York, pero continuó viajando frecuentemente al país, pasando ambos cada vez momentos interesantes de tragos y cuentos del pasado y del presente.  Fue a partir de entonces cuando intensificamos nuestra amistad.

Era hijo de José Valdez (el famoso cabo Boché), del personal militar que cuidaba los predios de la hacienda Fundación en los tiempos del Jefe y de la señora Piedad Sepúlveda, nonagenaria radicada en Nueva York que de joven fue del cuerpo doméstico de la Casa de Caoba.

Aunque Joaquín casó dos veces –manteniendo efímeras relaciones- emocionalmente nunca se separó de su madre,  a quien amaba de manera entrañable y con quien vivía hasta la hora de su deceso.

LO EXTRAORDINARIO

Joaquín Valdez, quien a modo de chanza se identificaba como El negro Charlie, ha sido el conquistador de mujeres con más facilidad y porcentaje de éxito que he conocido. Miraba una mujer, le atraía, piropeaba y de inmediato entablaba una conversación amena con ella que se convertía en una relación amorosa.

Sin haber cursado estudios superiores era una de las personas más inteligentes que he podido percibir. Tanto así que siempre dije a mis amigos: A Joaquín lo nombran gobernador del Banco Central y sabe desempeñar el cargo.

Es que tenía una habilidad extraordinaria para averiguar y saber cosas y dar cuanta explicación se le solicitara sobre cualquier tema. Así, no solo era un guía geográfico eficiente en el vasto radio urbano de Nueva York, sino también que daba detalles de cuanto se necesitara en esa urbe.

Hablaba inglés con fluidez, como si fuera un negro estadounidense y esto le ayudaba mucho al servir como edecán.

Alexis Valdez, izquierda; José Joaquín Valdez, centro y José Pimentel Muñoz en Brooklyn en los años ochenta.

LA SALUD

En el campo de la salud fue un sufrido que soportó con estoicismo dolorosas penurias. Hombre corpulento, desarrolló en el esplendor de su juventud una insuficiencia cardíaca que lo obligó a recibir marcapasos y luego, nada más y nada menos, que un trasplante de corazón con el que vivió alrededor de 15 años.

Las medicinas que tenía que tomar diariamente por esa afección las recibía por fundas mensualmente.

Pero luego desarrolló una insuficiencia renal que lo obligó a recibir diálisis en los últimos cinco años, sin poder conseguir un órgano en donación que le sirviera en su condición de trasplantado de corazón.

Tan suelto y hábil era, que una vez –internado en Cuidados Intensivos en el Prebysterian Medical Center, de Manhattan, donde estuvo recluido muchas veces- se escapó hacia su casa a resolver problemas ineludibles y luego volvió sigilosamente al hospital a ocupar su cama. Este cuento, que me sorprendió bastante, me lo hizo sin yo poder entender la justificación de la acción.

Lo cierto es que conocedor de su travesía de salud, en una ocasión le dije que él tenía material para hacerle un libro, lo cual significaba una tarea voluminosa que estaba dispuesto a emprender y que nunca acordamos materializar.

Cuando lo vi por última vez tres meses antes de su deceso en septiembre del 2017, comprendí que estaba perdiendo la batalla, pues lucía cansado y realmente disminuido por la enfermedad.

Su desvanecimiento final se produjo, oh ironía del destino, el mismo día que cumplía 60 años de edad.

Su ida a destiempo la están lamentado los muchos amigos que tenía en Nueva York y San Cristóbal, ciudades donde se hizo sentir con su jovialidad y humor.

 

josepimentelmunoz@hotmail.com

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ALEX
ALEX
21 dias hace

Gracias Pacho , Joaquín fué mi gran amigo de infancia.

Cruz y Raya
Cruz y Raya
22 dias hace

En paz descanse Charlie,es cierto que fue un tipo especial.Llevamos un recuerdo de agradecimiento hacia él.